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Olor a ajo en Fitur

Fitur, quienes más van son los concejales de Canarias, incluso de ayuntamientos que nada tienen que ver con el turismo, a comer y a beber de baracalofi. Llegan, se dan una vuelta por los estands extranjeros, a ver las tías buenas, y a mediodía ya están oliendo a ajo, con las barrigas al aire y sus trajes de alpaca destartalados por la presión. Hombre, los hay más aseaditos, pero la mayoría son verdaderos garrulos que van a Madrid a costa de su pueblo a practicar el dolce far niente, simplemente a hacer bulto y a ponerse morados de mariscos en La Trainera. Esto de los concejales trincones y comechosos debería ser mirado por la autoridad competente, es decir por los propios alcaldes, porque no sé qué pintará esa tropa en Fitur, si no saben de turismo ni de nada y sólo acuden a la feria a gastarse las perras que no son suyas en comer y beber gratis. Los que por la tarde no se quedan en los hoteles, eructando la comida, sobre todo el salmorejo y los mariscos, vuelven a la feria, medio cargados y diciendo disparates, lo cual revela un panorama de la política canaria desolador; gordinflones con los cintos mal abrochados y la barriga peluda al fresco, como si fueran concejales de Larache, un suponer. En eso se ha convertido Fitur, en una reunión de magos, investidos de ediles por nuestro noble pueblo, que sencillamente no suele enterarse de nada. En las reuniones más o menos largas y en las proyecciones de documentales, hasta roncan, dormidos como troncos, incapaces de aguantar el tirón. Desde que el mago entró en los ayuntamientos esto ha cambiado nunca. La chola y la baña se han impuesto a la estética municipal. A este paso cambiaremos los Cantos Canarios por un eructo colectivo en las solemnidades de rigor.

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