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Pedazo de Ayuntamiento

Se rompió la rama de un árbol, que a su vez hizo añicos la antigua y bella cruz de piedra de nuestro panteón familiar, en el cementerio del Puerto de la Cruz, y asimismo destrozó parte de la verja que lo delimita. Mi hermano José Miguel Oswaldo Ramón reclamó los daños al Ayuntamiento, que pide a la familia lo siguiente: “DNI de los interesados (de los vivos, claro); ubicación exacta del sepulcro, indicando número de cuartel y fila; título de propiedad del sepulcro, declaratorio de herederos, testamentos, etcétera; justificación que acredite la certeza de los hechos declarados (habría que llamar a Bob Dylan o a Joan Báez para que le pidan la respuesta al viento, o a lo mejor al propio Zapatero: ya saben, “la tierra es del viento”); fotografía de los desperfectos; “presuntas relaciones entre la causalidad de las lesiones/daños y el funcionamiento/actividad o inactividad de esta administración”; evaluación económica de lo solicitado, “adjuntando presupuesto, facturas y otros documentos”; “declaración suscrita por el afectado” (o sea, por los muertos y enterrados allí, entre ellos mi padre, que estará descojonado) “en la que justifique que no ha sido indemnizado (ni va a serlo) por compañía o mutualidad de seguros, ni por ninguna otra entidad pública o privada como consecuencia de los hechos declarados”; e indicación de si, por estos mismos hechos, se siguen otras “reclamaciones civiles”. Pero, coño, ¿no sería más fácil llamar al sepulturero y preguntarle: “Oiga, ¿la rama esa rompió la cruz y la verja del sepulcro de los Chaves?”. “Sí, señor”. “Bueno, pues vamos a arreglarlas, porque el árbol es municipal”. Y se acabó. El rollazo viene firmado por el alcalde, el pobre Lope Afonso, que habrá suscrito lo que le pusieron delante. Es que los ayuntamientos están llenos de burócratas y de chupatintas, con sus honrosas excepciones. ¡Si mi amigo Paqui Lasso levantara la cabeza! (con mucho trabajo).

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