Mi ahijada, que tiene nueve años y que todavía cree en los Reyes Magos, les dejó a sus majestades, junto a su zapato, tanta intendencia, que se vio obligada a incluir en el obsequio gastronómico un rollo de papel higiénico, por si los Magos de Oriente hubiesen sentido la necesidad de evacuar. Naturalmente, a la hora de rigor, de madrugada y con ella dormida en su cama, hicieron su aparición los reyes, que dieron buena cuenta del convite, que incluía algo para los camellos, y que estrenaron el rollo de papel, lo que indica que alguno de ellos andaba flojo del estómago y con apretón, dada la cantidad de ágapes que se vieron obligados a atender esa noche. La niña, al día siguiente, lo primero que preguntó fue si habían quedado satisfechos los magos y si se habían limpiado sus culos, cosa que debió ocurrir con alguno de ellos, pues ya digo que el rollo aparecía estrenado. Bien es verdad que también hubieran podido utilizar el papel para limpiar sus bocas ante tanta profusión alimentaria, como así se le hizo saber a la pequeña. Hay que ver el ingenio de los niños y su condición práctica. Era predecible que, después de haberse dado el banquetazo, sus majestades necesitaran papel para uno u otro menester; y de ahí lo del rollo junto a turrones, polvorones, coca-colas, dulces y otros alimentos, que fueron consumidos por el personal familiar noctámbulo. Pero no faltó el listo que estrenara el rollo de papel, para confirmar las previsiones de la niña: los reyes magos, después de comer, cagan. Desde luego, a mí, que también dejaba alimentos ligeros a sus majestades junto al zapato, no se me habría ocurrido nunca lo del rollo de papel. Y es que los niños de hoy son más listos que los de antes.
Un rollo de papel para los magos
Mi ahijada, que tiene nueve años y que todavía cree en los Reyes Magos, les dejó a sus majestades, junto a su zapato, tanta intendencia, que se vio obligada a incluir en el obsequio gastronómico un rollo de papel higiénico, por si los Magos de Oriente hubiesen sentido la necesidad de evacuar
