Addoor Sticky
el charco hondo

El calefactor del suizo

Ha llovido bien, sin que el agua arrastre lo que no debe, calando, hidratando el subsuelo, limpiando el aire, y las calles, también las aceras, llueve, y el viento se ha comportado, y volvió a llover

Ha llovido bien, sin que el agua arrastre lo que no debe, calando, hidratando el subsuelo, limpiando el aire, y las calles, también las aceras, llueve, y el viento se ha comportado, y volvió a llover. Hemos tenido buen tiempo, un auténtico tiempazo. Un frío inusual, persistente, un frío que decide quien está dentro o fuera de la conversación, dentro o fuera del grupo, del bar, de la oficina, de la familia. O hablas del frío o estás fuera, out. El frío lo ocupa todo. Los ascensores no suben ni bajan si nadie habla del frío. Los taxis solo caminan si les llenas el tanque con anécdotas sobre el frío. La máquina del café o la plancha del bar no se encienden si se habla de otra cosa. Quien quiera seguir estando dentro, estar in, necesita sumarse al ritual y, sobre todo, tener algo que contar. El renuncio de mi vecino, por ejemplo. Nos cruzamos en la puerta de la calle, y viéndolo disfrazado de contribuyente que va a la nieve le recuerdo que los accesos están cortados, qué va, no tengo intención de ir a la nieve, ah, como te veo forrado y con el buggy, en fin, creí, bueno, no sé, es por si acaso, ya, no sé, vi el buggy y pensé que, cosas mías. Hay más escenas llegadas del frío. Gana la del suizo que pidió un calefactor, sí, un calefactor porque no soportaba el frío que ha hecho por las noches, sí, un suizo de los de la mismísima Suiza. Ese suizo nos resume, es él y su calefactor el que llena de sentido, fundamento y rigor científico lo que hace días venimos defendiendo: este pelete no es normal. Llueve bien, hace buen tiempo, y un frío que decide quien está dentro o fuera de la conversación. Que se lo pregunten al zapatero que para en el bar de abajo. No es para tanto, dijo. Hace días, o semanas, que nadie le dirige la palabra; aislado, nadie lo escucha, no le hablan, no lo ven. Un suizo ha pedido un calefactor, aquí, en la Isla, porque no soporta el frío que hace por las noches: es el dato que nos faltaba para demostrar que el cambio climático no es literatura. Nadie ha vuelto a saber del zapatero. Qué no es para tanto, dice, será machango -sentenció el del bar-.

TE PUEDE INTERESAR