Será que la valoración de según qué asuntos aeronáuticos no está al alcance de quienes, huyendo de las matemáticas, la física o la química, en el instituto nos atrincheramos en el latín, la historia del arte o el griego; será por eso. Será que a los de letras nos extirparon la posibilidad de discernir, dudar o razonar sobre las cosas de los de ciencias. Será, no sé, digo yo, que no estamos ni de lejos preparados para intentar siquiera la comprensión de determinados acontecimientos protagonizados por ordenadores, radares, aeronaves o programas informáticos de última generación. Será, y si así es no debemos sentirnos mal, que la interpretación de algunos sucesos no está al alcance de quienes, criados en las letras puras, e incorregiblemente negados para convivir con motores, herramientas o contextos tecnológicos, seguimos sin entender que la música florezca cuando una aguja se desliza por los surcos del vinilo, o que al teléfono la voz del sobrino que trabaja en Boston se escuche mejor que al que tenemos al lado en el bar. Será, a saber tú, que quienes en las ferreterías nunca sabemos qué preguntar, y todavía menos qué responder, no debemos meternos en algunas polémicas. Será que, siendo de letras, no debamos preguntarnos públicamente cómo es posible que en todas partes, salvo aquí, los aeropuertos del mundo mundial operen con normalidad los días de lluvia y niebla. Como somos de letras nos hacemos preguntas de gente de letras; por ejemplo, cómo se explica que en otros aeropuertos funcionen sin visibilidad o (y ésta sí que es muy de letras) por qué en otros países las pistas aguantan mejor las mantas de agua y no se les mete la tierra que baja del barranco. Los de letras somos así de limitados, y para que no se nos oiga nos preguntamos en voz baja qué pasaría si cada vez que se mete la niebla o les llueve fuerte cerraran los aeropuertos de Londres, Bilbao o Chicago. En fin, no sé, las típicas preguntas de los que no tenemos ni idea de estas cosas. Será que los de latín, historia del arte y griego no estamos programados para comprender según qué sucesos; eso será, será por eso.
