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Cultura como motor turístico

Del 25 al 28 de enero pasados, después de 17 años continuos, volvió a celebrarse el Hay Festival de Cartagena de Indias. Se trata de una red de festivales culturales que, habiendo nacido en el poblado galés de Hay Town, hoy se extiende a ciudades tan diversas como la mexicana Querétaro, la española Segovia, la peruana Arequipa, la danesa Aarhus y la propia Cartagena. Concentrar en cuatro días no menos de cien actividades culturales, principalmente literariaspero también teatrales o musicales, sería una proeza si no se contara con equipos muy profesionales que todos los años se lucen con una programación envidiable, que junta premios Nobel con escritores emergentes o grandes figuras musicales con aprendices de conservatorio. Se trata, pues, de una gran fiesta de los sentidos, de las ideas, de la libre expresión, que celebra la propia condición humana y fomenta la creatividad plena. Otra lectura de esta hazaña de producción, nada subalterna, es la economía que se mueve alrededor de este evento: los patrocinantes que intervienen, las firmas que quieren sus logos en los programas, los hoteles que agotan sus reservas con meses de antelación, el transporte aéreo y terrestre que trae a un público deseoso de escuchar a grandes figuras, los restaurantes que se quedan sin mesas, el comercio local que bulle con compradores de todo el orbe planetario.

Un evento de estas características, valga decirlo, sería perfectamente realizable en Santa Cruz de Tenerife. Por su envidiable ubicación atlántica, por su conectividad aérea y marítima, por su infraestructura cultural de teatros y espacios abiertos, por su público deseoso de oferta cosmopolita, por la riqueza paisajística y ambiental de toda la isla, Tenerife podría, sin siquiera apelar a la franquicia Hay, realizar un evento anual de estas dimensiones, que reuniera a figuras de Europa, América e incluso África, que conquistara al público europeo que ya no sólo vendría por sol y playas, que mejorara el nivel cultural de toda la isla y que convertiría a Tenerife en una referencia obligada de la escena artística mundial. Con gestores públicos y privados, con patrocinantes internacionales, con los mejores productores, otra hazaña se produciría en estos destinos: que también hay un turismo cultural deseoso de buena oferta y que tras estos grandes eventos se genera una dinámica económica tan provechosa como cualquier otra.

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