El mago, que es machista por definición, ha hecho una concesión histórica al feminismo dándole rango feminoide al fin del mundo. Y dice: “La fin del mundo”. Para compensar, masculiniza la radio y dice, cuando se pone en plan fino: “El Radio Crus” (sic). Bueno, pues melecios y days dicen, o poco menos, que Cumbre Vieja, en La Palma, si revienta, llenará de surfistas Nueva York, se llevará la ciudad por delante y parte de la Costa Este de los Estados Unidos. No veo yo demasiada preocupación en ese territorio por el derrumbe y el oleaje, aunque ya se sabe de lo que son capaces los palmeros: incluso de democratizar La Cosmológica y de hacer que las obras del Teatro Circo de Marte (que no es teatro, ni tampoco circo, ni está en Marte) duren más de medio siglo. Y eso que ahí sólo cabe medio centenar de personas. ¿Qué pasaría si el Liceo estuviera ubicado en Santa Cruz de la Palma? Bueno, pues eso, que la fin del mundo va a empezar en Cumbre Vieja, o sea en La Palma, y que como se le ocurra al volcán hacer desgracia del ramillete sísmico vamos a tener olas para rato; olas gigantes, no crean que como las que bañan habitualmente la llamada Isla Bonita. “Yo quisiera volver a La Palma”, dijo Ezequiel Perdigón, en una bella canción que yo le oí cantar, incluso, a Mike Kennedy, el vocalista de Los Bravos, fíjense ustedes, desocupados lectores, qué cosas. En fin, que entre el mago, el feminismo y las puretas de Güímar que quieren elegir a Miss Follandusca, o cosa así, se nos ha ido la semana en un plis plas. Menos mal que nos queda Cumbre Vieja, que llenará de olas nuestras vidas, si Dios no lo remedia, que esperemos que sí.
