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Perdonen que les hable de mí

Mi vida ha sido una pura contradicción. En el año 1976, una huelga salvaje planteada en este mismo periódico por el Partido Comunista, que quería hacerlo suyo, me convirtió en esquirol

Mi vida ha sido una pura contradicción. En el año 1976, una huelga salvaje planteada en este mismo periódico por el Partido Comunista, que quería hacerlo suyo, me convirtió en esquirol. Con dos cojones, unos cuantos y yo sacamos el periódico, que no dejó de publicarse un solo día. La empresa despidió a los huelguistas y a mí me hizo redactor-jefe. La Asociación de la Prensa me declaró persona non grata (sic), aunque a los pocos meses se olvidó del asunto y me nombró su presidente. Permanecí en el cargo, que simultaneé con la vicepresidencia de la FAPE (Federación de Asociaciones de la Prensa de España) trece años. Les entregué el carné de periodista a personas de trayectoria demostrada en los medios, aunque no hubieran seguido la carrera de periodismo. Y me siento orgulloso de ello. Este mismo periódico, que me había ascendido a redactor-jefe, a subdirector y del que era miembro de su consejo de administración, me despidió por publicar en primera plana, un domingo en el que ejercía de director, la noticia de unas prostitutas contratadas en Miraflores, conducidas a un cuartel de costa de Tenerife, violadas a punta de fusil por llorosos soldados de reemplazo que obedecían a sus jefes y conducidas de nuevo a Miraflores, además sin pagarles lo que aquellas pobres mujeres reclamaban. Era un día de Santa Bárbara. No hubo castigo para los responsables. A mí me entregaron el premio Libertad de Expresión, pero me quedé en la calle y me inventé una agencia de noticias para sobrevivir. Desde hace un par de años, ya con este periódico viviendo vientos de libertad, soy uno de sus cronistas de referencia. Como ven, lo mío ha sido cosa de idas y de venidas, una trayectoria al menos pintoresca. La vida azarosa me persigue. Y perdonen que les hable de mí.

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