
Un piloto ruso, derribado por los combatientes rebeldes en Siria, decidió quitarse la vida con una granada para evitar ser capturado por los yihadistas, según ha informado el diario británico Mail Online.
En un vídeo grabado por los propios rebeldes se muestra la explosión que originó el comandante Roman Filipov al grito de “¡Esto va por nuestros muchachos!”, antes de detonar el explosivo mientras los soldados lo rodean.
El Ministerio de Defensa ruso ha confirmado que el hombre, de 33 años, estuvo “combatiendo hasta el último momento” y ha sido galardonado con el más alto honor del Kremlin, en Moscú: la medalla de Héroe de Rusia a título póstumo.
