el charco hondo

Cuando se sientan en la taza

Semanas o meses atrás el alcalde de Vigo, Abel Caballero, sorprendió al país prestándose a que los niños de un colegio le cantarán una canción escrita para él por un adulador, canción que entre otras estrofas incluye cosas como el alcalde es un tío que se sienta en la taza y en vez de un pino pone un olivo, la lotería en Vigo nos ha tocado, lo mejor de la ciudad, mientras nosotros dormimos él no deja de trabajar, vaya tío, nuestro alcalde es un puto crack. Caballero tiene en la exaltación personal la piedra angular de su discurso, hiperventilación de mérito e imprescindibilidad que niega veracidad al mensaje, adentrándolo en la irrealidad y en el absurdo, en lo cómico. No es el único. Tienden los partidos a inflar sus méritos más allá de lo creíble o razonable. Se equivocan. Si se abusa del autobombo se cae en la caricatura. La realidad es imperfecta. Cualquier balance de la gestión pública debe respetar el sitio que ocupa esa imperfección. Cuando se empieza una intervención admitiendo errores o asumiendo responsabilidades el resto del relato gana en solidez y pegada. La humildad fortalece. Los partidos de aquí y los de allá cumplen e incumplen con Canarias los trescientos sesenta y cinco días del año. PP, CC o PSOE han hecho y deshecho en las Islas, han cumplido e incumplido con Canarias. Reconocerlo es inteligencia. Negarlo es soberbia. Acaba de dictaminar el Tribunal Supremo que el Estado debe pagar a Canarias las anualidades que en virtud del convenio de carreteras el Gobierno del PP dejó de abonar a partir de 2013. Mal momento ha elegido Cospedal para decir que el PP es el partido que mejor defiende la agenda canaria. Cuando se respira excesivamente, inhalando y exhalando tanta exaltación de forma rápida y superficial, todos los partidos, el PP en este caso, arrastran su relato a las arenas movedizas de lo absurdo, a las estrofas de Abel Caballero, un tío que cuando se sienta en la taza en vez de un pino pone un olivo.

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