el charco hondo

Dejar de morderse la cola

Los integrantes del código rojo se atacan, devoran y citan mutuamente, se reproducen en su propia realidad, muchas veces artificial. Jaime Durán Barba y Santiago Nieto, dos de los consultores políticos más demandados de Latinoamérica, lo resumen de esta manera en La política en el siglo XXI. Aluden al código rojo que utilizan en esos países para referirse a cómo los partidos giran sobre sí mismos como el símbolo medieval del uróboro, una serpiente que forma un círculo y se muerde su propia cola, como los partidos de estas islas. Especialmente de meses a esta parte, los grupos parlamentarios han intensificado el vicio de girar sobre sí mismos. La minoría absoluta de Coalición tiene a socialistas y populares citándose mutuamente, atacándose, vaciándose en su afán de afianzarse como muleta para no quedar reducidos al papel de muleta de la muleta de CC.

Particularmente de meses a esta parte, la política canaria ha quedado reducida a una crónica de amores o desamores, filias y fobias, encuentros, desencuentros, sonrisas y lágrimas de sus protagonistas, actores principales que al hablar solo de sus cosas han dejado de hacerlo sobre los asuntos que sí condicionan el día a día del contribuyente de a pie. La utilidad del debate de la nacionalidad que arranca hoy exige que los grupos parlamentarios dejen de morderse la cola. La inutilidad del mismo se impondrá si lejos de poner los cinco sentidos en sanidad, dependencia, empleo, educación, turismo, infraestructuras, transportes o financiación, los portavoces tiran del código rojo y reducen el guion a un debate sobre los partidos de la nacionalidad, sus cargos y repartos. El debate dibuja una excelente oportunidad para que dejen de hablar de sí mismos. A los contribuyentes tanto nos da si se caen bien o no. Que PP y PSOE jueguen a disimular o esconder sus pactos con Coalición tampoco interesa lo más mínimo. El debate será un fracaso si queda secuestrado por dolores de los partidos o de sus dirigentes. Estos días tienen una excelente oportunidad para dejar de morderse la cola.

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