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el charco hondo

Enhorabuena, Jon

Convencido de que bastantes me había dado ya, estrenando la década de los noventa la vida me sorprendió regalándome otro hermano

Convencido de que bastantes me había dado ya, estrenando la década de los noventa la vida me sorprendió regalándome otro hermano. Conocí a Jon (escrito y pronunciado así, sin la hache anglosajona) hace casi treinta años. Leer ya lo había leído. Descubrí sus crónicas bastante antes, pero a la persona que explica al periodista lo encontré algo después. Este oficio quiso que nos cruzáramos en el camino, poniéndonos en bandeja que no volviéramos a separarnos jamás. A lo tonto, como sin darnos demasiada cuenta, a golpe de risas y alguna lágrima, llevamos tres décadas creciendo juntos, remando curvas y rectas, contándonos, hablándonos incluso sin necesidad de hablar. Coincidimos en la forma de entender los episodios propios y ajenos, individuales o colectivos. También en que con la edad ha dejado de ser un problema confesar los afectos en público; por eso, y a riesgo de que me mate cuando lo lea, no me quedo sin dejar por escrito que a Juan Galarza lo quiero y admiro.

Quiero a un tipo inmenso, infinitamente bueno y honesto, íntegro con mayúsculas, a un tío que al nacer le extirparon los malos sentimientos. Admiro a un periodista que honra a la profesión, a alguien que no esperó a la mayoría de edad para hacer del periodismo su vida. Enciclopédico, si algo reprocho a Juan es que al resto nos tenga siempre con el listón de exigencia a una altura tan jodida de alcanzar -eso, Jon, es una putada-. Claro que esa trastada también se la perdonamos quienes dedicándonos a esto siempre hemos visto en Juan una lección obligada para intentar ser más meticulosos, capaces y solventes. Esta noche la Asociación de la Prensa Deportiva de Tenerife premia con su insignia de oro a un periodista atemporal, a un investigador imprescindible para acercarse al fútbol y a su adorado CDT, a un profesional intachable. Su humildad se resistirá, pero él merece que el periodismo lo llene de reconocimientos. Querido y respetado por los que nos dedicamos a contar cosas, Juan Galarza Hernández se ha ganado la consideración de maestro de nuestra generación. Enhorabuena, Jon.

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