despuÉs del parÉntesis

Espectáculo

Por dos procedimientos se maneja el mundo en los últimos años: la superficialidad y el espectáculo. Podría plantearse que siempre ha ocurrido así. Nos aprietan dos tensores, lo común y lo excepcional

Por dos procedimientos se maneja el mundo en los últimos años: la superficialidad y el espectáculo. Podría plantearse que siempre ha ocurrido así. Nos aprietan dos tensores, lo común y lo excepcional. Una cosa es la gran cultura, la ciencia o el conocimiento (del matemático al filosófico) y otra es el cantar de cada día. Cierto. Pero jamás la cultura, la ciencia, el conocimiento o la universidad estuvieron tan desacreditadas como ahora. Muchos de los análisis o trabajos de los susodichos no se entendieron, mas se tenían como el sustento de la humanidad y se asumía el respeto y la admiración.

Así por un novelista, un poeta, un filósofo o un físico nuclear. Ahora el mundo se ha vuelto al revés; lo que prima es lo que antes se colocaba en el lugar de lo intrascendente, de lo superficial. De lo cual se sucede que el presidente actual de EE.UU. sea una estrella de la tele basura, y no un político consecuente, responsable y formado. O que uno de los más seguidos en España lo sea no por sus aportaciones legislativas, sino porque es muy simpático y ocurrente, es decir, Rufián.

Con esta perspectiva lamiendo los talones uno observa: el arsenal de revistas lleno de personajes alucinantes. Y te preguntas, ¿quién es fulanita o fulanito de tal para merecer tales atenciones? ¿Qué ha hecho? ¿Por qué ha de ser reconocido? No saben lo que es un libro y el autor de Las Meninas queda muy lejos. Por ejemplo, la llaman “princesa del pueblo” y su único mérito es haber sido novia de un famoso torero. Ganan mucho dinero; más que los catedráticos.

Lo que encierra este dilema es el espectáculo dicho. Todo se mueve por si eres conocido. Si es, te invitan al pregón tal por el que se cobra un pastizal. La trama se mueve porque todo está en venta, desde la intimidad más resolutiva (con quién se acostó, cómo o cuánto) a los sentimientos, los niños, las relaciones o la familia.

¿A dónde vamos a llegar? Al paroxismo de la exclusión más repugnante. Serás un ser infausto por conocer a Borges o a Arlt y te apretarán las tuercas por haber descubierto un planeta que no le importa a nadie. Solo vivirán los que tengan algo que vender. En el Renacimiento y el Romanticismo eran pocos. Ahora se los rifan las cadenas de televisión para que transmitan lo que transmiten: vacío, infamia y desolación.

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