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opinión

Galán de cine

Un buen día apareció por la tertulia un amigo del amigo de uno de los que, cada tarde, tomábamos café en aquel pequeño cafetín junto al muelle de pescadores. Fue acogido sin problemas y pronto nos dimos cuenta de que no era, precisamente, muy simpático

Un buen día apareció por la tertulia un amigo del amigo de uno de los que, cada tarde, tomábamos café en aquel pequeño cafetín junto al muelle de pescadores. Fue acogido sin problemas y pronto nos dimos cuenta de que no era, precisamente, muy simpático.

Era ya un hombre mayor (todos en la tertulia creo que habíamos dejado atrás los setenta años), con tendencia a la gordura, de piel blanca y, tal vez, una mujer lo hubiese considerado guapo.
Rápidamente nos hizo conocer sus ideas, así como los temas básicos en los cuales tenía una fijación casi anti natura. Despotricaba de la sanidad y había conocido, en el sentido bíblico de la palabra, a tantas mujeres que ya había perdido la cuenta.

En poco tiempo nos dimos cuenta de que se consideraba un galán de cine olvidado por las grandes compañías cinematográficas, las cuales no sabían lo que se habían perdido.
Luego se metía con los médicos en general y con los analistas en particular. Las carencias de estos facultativos eran enormes y más de uno, seguramente, habían conseguido el título sobornando al catedrático de turno, o falsificándolo, o robándoselo a algún compañero extranjero mejor dotado. No se explicaba como los inspectores de sanidad no eliminaban a “esta sarta de incompetentes” que llenaban puntos clave de la sanidad de todo un país.

Pero había conquistado a fulanita y a menganita e incluso tuvo que quitarse de encima a zutanita que estaba loca por él (lo cual comprendía) y que no lo dejaba en paz.
Habría que eliminar a todos los analistas actuales…

Y así una y otra vez. Alguno de los contertulios intentó pedirle que dejara de lado esos temas recurrentes, especialmente el sanitario, pues entre nosotros se sentaba un médico, pero hizo caso omiso de la petición del compañero de café.

Finalmente, desesperados, otro amigo se atrevió a preguntarle el porqué de esa fobia contra los médicos y especialmente contra los analistas y acompañó su discurso comentando un caso propio en el que el galeno le había resuelto un gran problema que tenía, añadiendo que un amigo suyo, también doctor en medicina, había sido propuesto para no sé qué premio, por sus trabajos profesionales y su laboriosidad y etc.

Por fin explotó y nos dijo la causa de esa animadversión contra los sanitarios, especialmente, como decía siempre, los analistas y similares.
Palabras textuales: Me he hecho un montón de análisis y ¿pueden creer ustedes que siempre me dicen que estoy normal? Como pueden decir eso. Yo soy un hombre guapo, las mujeres se me rifan y esos estúpidos analistas me dicen que soy normal… Esos técnicos de la sangre lo que me tienen es envidia y no quieren decirme que allí, en mi sangre, está claramente señalado que soy un GALAN DE CINE…Y GUAPO.

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