El charco hondo

La mejor versión

A este lado un ejército de ciudadanos razonables, sí, pero también una jauría de morbosos rebañando detalles perfectamente prescindibles, almorzando datos innecesarios, reenviando ideas tóxicas, sumándose a la danza del dolor ajeno. A este lado un montón de espectadores conmovidos, sí, y un buen puñado de madres, padres e hijos que han querido conocer solo ...read more →

A este lado un ejército de ciudadanos razonables, sí, pero también una jauría de morbosos rebañando detalles perfectamente prescindibles, almorzando datos innecesarios, reenviando ideas tóxicas, sumándose a la danza del dolor ajeno. A este lado un montón de espectadores conmovidos, sí, y un buen puñado de madres, padres e hijos que han querido conocer solo lo justo y necesario, sí, pero también una legión de abonados al circo de las vísceras, conscientes o inconscientes clientes del teatro del horror, del sensacionalismo que nos tiene la casa llena de humedades, del sufrimiento de otros reconvertido en materia prima de la industria del entretenimiento, de guionistas encargados de improvisar maratones de telerrealidad sobre las cenizas del desgarro. A este lado periodistas, sí, pero también trapecistas de la información saltando sin red sobre la arena de las atrocidades. A este lado lectores, telespectadores, cibernautas y radioyentes respetuosos, sí, pero también propagadores de xenofobia, odio y rabia. A este lado la política gestionando con bisturí la situación, subiéndose al caballo desbocado del legislar en caliente, incapaz de confesar en alto que no hay atisbo de solución en la prisión permanente revisable. A este lado los espectadores, y al otro, atrapada en el vacío absoluto, una madre que nos ha mostrado la versión a la que debemos aspirar. Al otro lado una madre contrarrestando la miserias que han aflorado a este lado con un océano inabarcable de dignidad, entereza, generosidad, educación, madurez y fortaleza. A otro lado la madre de Gabriel regalándonos una lección insuperable de convivencia, paz, responsabilidad y respeto, recordándonos que somos capaces de lo peor pero también de lo mejor, de estrangular el futuro de un niño pero también de sobreponernos al desgarro pidiendo que no se ensucie el recuerdo de Gabriel con maldades, insultos, racismo o palabras contaminadas. A este lado un montón de gente razonable, sí, pero también un zoco de vendedores y compradores de dolores ajenos. Al otro lado los padres, al otro lado la madre mostrándonos la versión a la que debemos aspirar.