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Los rusos

Los rusos, que en mis tiempos párvulos eran siempre los malos de las pelis, resulta que algo de eso tienen. Hoy eliminan espías dobles o triples con polonio y otras sustancias, ponen en un brete a Trump metiéndose en sus chanchullos electorales, interfieren en los comicios catalanes chimbos y los servicios secretos del señor Putin cometen mil y una tropelías. Hay otra guerra, más fría que la de antes e igualmente peligrosa, porque además los rusos fabrican misiles que pueden alcanzar cualquier parte del mundo en un plis/plas. Este Putin sería -para los curas- el anticristo, que es una figura muy manejada por los profetas, pero que nunca aparece del todo y con el que nos acojonaban en los ejercicios espirituales, de los que yo huía siempre como un conejo cuando se trataban en ellos asuntos tan escabrosos. Me escapaba de la Casa de Ejercicios, cogía un coche pirata y regresaba a casa, aliviado de la amenaza de “la fin” del mundo y del infierno. Desde que nacemos nos están amenazando con las armas de cada cual, los curas con el apocalipsis, los rusos con los misiles de largo alcance y Trump con el acero. Cada cual utiliza el arma que tiene y hasta las mujeres del PP anuncian una huelga a la japonesa. Como todo el mundo se ha vuelto loco, yo creo que voy a dejar esto, porque reflejar cada día lo que ocurre por ahí me tiene de los nervios. Les juro que escribo, desvelado, a las cuatro y media de la mañana y lo único agradable que escucho son los ronquidos de mi perra, que no sabe nada de lo que pasa a su alrededor, ni ha visitado la Casa de Ejercicios. Un día me descuidaré y un ruso cualquiera pondrá polonio en mi cortado y entonces, como dice Sabina, al final llegó el final.

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