el charco hondo

El pacto del pacto

Se detiene Joan Tapia en Cuando Dios ha muerto (una certera radiografía del proceso catalán) en la extraordinaria resiliencia de los independentistas, en su sorprendente capacidad para absorber sin alterarse de modo significativo perturbaciones que inhabilitarían a cualquiera

Se detiene Joan Tapia en Cuando Dios ha muerto (una certera radiografía del proceso catalán) en la extraordinaria resiliencia de los independentistas, en su sorprendente capacidad para absorber sin alterarse de modo significativo perturbaciones que inhabilitarían a cualquiera. El paralelismo que propone Tapia resulta tremendamente útil para comprender a los separatistas; y aquí, en las Islas, anima a destacar la resiliencia de los socialistas frente a la errática trayectoria de una dirección orgánica que, capítulo a capítulo, episodio a episodio, está descubriendo -y demostrando- que no está preparada para jugar en las grandes ligas. Así de sencillo, y de preocupante; quienes están al frente no están para competir en primera división, de ahí que jornada tras jornada encajen tremendas goleadas. Que CC y PP han ido cerrando estas últimas semanas un pacto de estabilidad para lo que resta de legislatura (acá, y también allá) lo sabía todo el mundo; todos menos Ángel Víctor Torres, que esta vez tampoco las vio venir. Cuando los socialistas compraron los bolígrafos rojos, a Coalición y al PP ya se les había acabado la tinta de los azules, de los bolis con los que redactaron su re-pacto para este último tramo.

El plan de CC y PP era perfecto, pero era imprescindible no filtrarlo; para que la próxima semana la votación de los órganos dependientes de la Cámara y el debate de la nacionalidad transcurrieran sin sobresaltos, y en calma, era necesario que los términos del acuerdo no trascendieran. El pacto del pacto era no contarlo. Pero algún dicharachero lo contó. Alguien, con incontinencia verbal y ganas de protagonizarlo, va y lo larga, forzando a CC a tirar ahora de hipnosis para que los socialistas no enturbien la votación y, sobre todo, el debate. Puede que no les resulte difícil, con el secretario general socialista con síntomas de sufrir el síndrome de Estocolmo (Coalición lo vacila, pero carga contra el PP), lo mismo CC lo amansa de aquí al martes. En cualquier otro partido tal acumulación de errores provocaría una revuelta, pero el secretario general de los socialistas canarios ha desarrollado la capacidad de absorber perturbaciones que inhabilitarían a cualquiera sin apenas alterarse.

TE PUEDE INTERESAR