Los catalanes son, en general, unos pejigueras. Siempre se están quejando de todo. Cuando el Madrid gana copas y copas de Europa -Champions League ahora- dicen que en los sorteos les enfrían las bolas de los equipos más flojos. Ahora se han callado cuando al Barça le ha tocado en el sorteo de cuartos el equipo más débil de la competición, la Roma, y al Madrid uno de los más difíciles, la Juventus. Hacía dos años y medio que al FC Barcelona no le pitaban un penalti en contra; el otro día el árbitro le señaló uno y pusieron el grito en el cielo. Llevan los jugadores y directivos del Barça en sus alforjas la queja del mediocre. No lo pueden evitar, lo quieren todo arriesgado poco, arrimando siempre el ascua a su sardina y presumiendo de anti españoles y jugando las competiciones españolas. No saben perder, cuando pierden, y siempre echan la culpa de todo al mejor equipo del mundo, el Real Madrid, presumiendo ellos de ser “algo más que un club”. Que se dediquen a ganar torneos y que se dejen de frases y de protestas. En mi libro Todos los magos son del Barça digo que estos catalanes han perturbado el paisaje universal. Usted ve ahora en las películas de safaris a los porteadores negros con las camisetas del Barça -no pegan ni con cola, imaginen Mogambo con ese atuendo- y en algunas casas de lenocinio de Thailandia el portero lleva puesta esa gloriosa camiseta. En fin, lo cuento todo en el libro, que se reparte este fin de semana con este diario, a seis euros más el precio del periódico. No se lo pierdan porque yo creo que va a ser la última entrega del mago, que me ha dado ya bastante de comer y, además, ya lo he contado todo sobre el elemento rural.
Pejigueras y bolas frías
Los catalanes son, en general, unos pejigueras. Siempre se están quejando de todo
