el charco hondo

Quince días después

Lamentablemente, el regreso del país a su anormal normalidad anima a creer que quince días después seguimos donde estábamos antes del ocho de marzo

Lamentablemente, el regreso del país a su anormal normalidad anima a creer que quince días después seguimos donde estábamos antes del ocho de marzo. Ojalá no sea así. Puede que la realidad desmienta la percepción de que a esta sociedad le cuesta demasiado sacudirse la herencia de cuatro décadas de exaltación de la masculinidad orgánica, legal, religiosa y cultural. Quizás las movilizaciones del ocho de marzo hayan dejado sembrada otra actitud, y que el impacto de aquellos días ayude a que se deje de mirar hacia otro lado. Quince días después de que la prensa internacional mirara con asombro el seguimiento que las manifestaciones tuvieron en España, no está de más preguntarse por qué este ocho de marzo fue tan multitudinario, y concluir que el éxito de nuestro ocho de marzo dimensiona nuestro fracaso en materia de igualdad. Al parecer, habíamos olvidado que las desigualdades de género fueron legalmente encumbradas durante cuarenta años. O que incluso después, ya en democracia, los códigos mantuvieron a las mujeres maniatadas por la tutela de maridos, padres y primogénitos. O que las libertades fueron diseñadas por los padres de la Constitución, por los padres de una transición conjugada en primera persona del plural masculino. El cambio de siglo de este país lo construyeron hombres, de ahí que el ocho de marzo más global haya tenido aquí una repercusión masiva. El éxito de lo que pasó hace ahora quince días pone de relieve nuestro retraso. Que sigan pasando las fechas sin que nada pase, o sin que algo cambie de forma verdaderamente efectiva, nos retrata. Poco puede esperarse de partidos o sindicatos que, de forma bastante obscena, intentaron apropiarse de una jornada que creció al otro lado de sus puertas. Acabar con las desigualdades de género es una tarea titánica que debió tener en el último ocho de marzo el inicio y no el final de la marea que recorrió las calles. Sin embargo, huele a que quince días después el país ha recuperado una anormal normalidad que se conjuga en primera persona del plural masculino.

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