
Jerónimo Saavedra regresó ayer al Parlamento de Canarias, después de que la semana pasada se despidiera del cargo tras entregar a la presidenta del Legislativo el informe anual del Diputado del Común, antes de que el PSOE rompiera el acuerdo con CC, el PP y ASG para renovar tres de los órganos auxiliares de la Cámara autonómica: además del suyo, la Audiencia de Cuentas y el Consejo Consultivo. El histórico exdirigente socialista acudió a la Sala Europa, acompañado de Carolina Darias, para impartir una conferencia sobre la transición española con motivo del proyecto Historia vivida y contada. Como ya había declarado al DIARIO, Saavedra comentó previamente que le es indiferente si el pleno elige hoy a su sustituto: “No quiero seguir y estoy dispuesto a dejarlo. Estaría bueno que no tuviese el derecho a decidir sobre mi propia vida”. Fue nombrado para cinco años y lleva ya seis años y cuarto. Ya en la mesa se mostró sorprendido por la inédita circunstancia de que CC gobierne tranquilamente con apenas 18 de los 60 escaños, cuando él tuvo que firmar el primer pacto (de “progreso”, en 1985) al comprender que, con 27 diputados, el PSOE no podía sacar adelante sus iniciativas. Recordó que en 1984 el CDS le rechazó los Presupuestos.
Esto habla “bien” del Ejecutivo de Fernando Clavijo y “mal” de la oposición, dijo con sorna. El 17 de julio de 1985, Saavedra fue elegido presidente por tercera vez consecutiva en casi tres años con los votos del PSOE (27), Asamblea Majorera (3), PCE (1) y PRC (1). La investidura recibió 24 sufragios en contra y dos abstenciones. El PSOE y las AIC fraguaron en 1991 el llamado pacto de Hormigón (41 diputados), que se derrumbó en 1993: el vicepresidente, Manuel Hermoso, desplazó a Jerónimo Saavedra mediante una moción de censura, en el contexto de la modificación del Régimen Económico y Fiscal (REF), negociada con el entonces ministro de Economía, Carlos Solchaga.
En el presente, Saavedra rememoró su participación, como integrante de la Cortes constituyentes, en el pacto constitucional de 1978. Hoy en día no ve factible que se respete un acuerdo de similares características para reformar la Constitución: “A lo más, se podría acordar algún cambio puntual. La capacidad de pactar ha desaparecido en la clase política actual de cualquier signo ideológico. Se ha criticado mucho el bipartidismo y se ha elogiado el multipartidismo, pero se ha olvidado que si no hay mayorías absolutas necesariamente hay que pactar”. Saavedra puso de ejemplo la coalición en Alemania entre democristianos y socialdemócratas. “Conversar, pactar, aceptar que no tenemos la razón en todo, sino algo de razón en muchas cosas, es la enseñanza que deben recuperar de la transición democrática las jóvenes generaciones”. A su entender, ahora no sería viable un retoque consensuado de la Carta Magna, salvo en algunos puntos concretos, como la configuración del Senado y la simplificación de la distribución de competencias.
“Se habla muy a la ligera”, expuso, “de blindar ciertos derechos para que sean derechos fundamentales exigibles ante la justicia, tales como el derecho a una vivienda, a un trabajo o a la revalorización de las pensiones de acuerdo al IPC, algo que no ocurre en ninguna constitución del mundo”. Son, recalcó, “principios informadores de la actuación de los poderes públicos que dependen de la capacidad económica de un país”.
