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el charco hondo

Un señor bajito vestido de blanco (1)

En Semana Santa hay cosas que habitualmente ocurren, y otras que no

En Semana Santa hay cosas que habitualmente ocurren, y otras que no. El buen tiempo de los días previos suele dar paso, el miércoles o jueves, a un nubarrón, frío y viento que acampan en la playa hasta que los mortales dejen la habitación o el apartamento el domingo al mediodía. Suele ocurrir que a las once no quede arena sobre la que extender la toalla. O que buscando mesa en cualquier terraza termines almorzando a las siete u ocho de la tarde. O que muevas el coche y tengas que volver a casa porque no queda hueco donde volver a aparcarlo. Estas cosas sí pasan, otras no. Y entre las que no ocurren está que al tercer día resucite el interés de Coalición en contar con los socialistas como socio preferente. Hay cosas que sí, y otras que no; por ejemplo, que CC vuelva el lunes de pascua rompiendo su pacto de final de legislatura autonómica con el PP, y que lo haga porque así se lo piden los socialistas. Descartado que CC cambie de criterio en jueves santo o domingo de resurrección, ¿qué creen ganar los socialistas provocando el aplazamiento de la renovación de los órganos que dependen de la Cámara? Coalición ha amarrado la tranquilidad que necesitaba para la recta final de este cuatrienio. En su balanza pesó más cerrar con quienes firman en los ministerios, y no con un PSOE tan inestable como imprevisible. CC buscará otro camino, otros acuerdos, otros aliados. ¿Volverán a intentarlo con Ángel Víctor Torres? No, en primera o segunda instancia no lo harán (olvidan los socialistas que hace cinco años el PP quedó fuera de todo por algo similar). El problema de este PSOE es la mala costumbre de desmentirse a todas horas. Ayer, la penúltima, con ese infantil intento de sacar de plano lo de la Autoridad Portuaria de Las Palmas vociferando que su enfado es porque CC y PP se van a cargar la reforma electoral. A este ritmo los socialistas acabarán parodiando al entrenador de Malta, y comparecerán para denunciar que la culpa de lo que les está pasando es de un señor bajito vestido de blanco, que les ofreció una bandeja de limones en un receso, mermando notablemente el rendimiento de su grupo parlamentario.

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