opinión

Sobre la analogía

Jorge Luis Borges llegó a comparar el color de un atardecer con el de la encía de un leopardo, García Lorca llegó a describir el vientre femenino como un nudo de raíces, Aleixandre llegó a ver espadas donde sólo reposaban labios

Jorge Luis Borges llegó a comparar el color de un atardecer con el de la encía de un leopardo, García Lorca llegó a describir el vientre femenino como un nudo de raíces, Aleixandre llegó a ver espadas donde sólo reposaban labios. Estamos en el terreno de la analogía (esto es aquello), la clave secreta de la poesía moderna. La lógica deja de tener sentido y los elementos del universo comulgan como para recordarnos que alguna vez fueron uno. Con razón Roman Jakobson, un lingüista esencial del siglo XX, hablaba de la función poética del lenguaje, es decir, de aquella en la que la lengua se refiere o escucha a sí misma, en un grado absoluto de significación. Las palabras valen más por lo que cantan o entonan que por lo que dicen.

La poesía, finalmente, lleva la lengua a un extremo, donde milagrosamente deja de ser medio y se convierte en fin. Toda esa transmutación, todo ese proceso de resignificación, es lo que presenciamos o sentimos ante la operación poética, y aún más cuando ese artilugio de nombre analogía, que según Octavio Paz es la seña de identidad de la poesía moderna, hace irrupción.
Entrar en esa instancia desde la vida cotidiana no es asunto fácil, porque claramente debemos ir más allá de la razón, que tanto nos gobierna. Desde Aristóteles, al menos en Occidente, nos hemos vuelto muy pensantes, o más bien hemos buscado la seguridad en las palabras, pero al gran filósofo griego le antecedieron otros, como los presocráticos Heráclito o Parménides, más cercanos a una visión poética de la vida. Esto es, debajo de las convenciones que tanto nos sedan, hay maneras de entrar en la materia, hay pasajes para entender que la vida es de una complejidad mucho mayor que la que podemos atisbar con nuestros instrumentos de percepción. Y allí es donde hurgan los poetas, quebrando el lenguaje, llevando el entendimiento a otro horizonte, en el que la palabra se hace revelación. Si García Lorca escribe: “Verte desnuda es recordar la Tierra”, estamos dando un salto cuántico. Porque desde la singularidad o intimidad que es un cuerpo femenino, estamos saltando a una visión del planeta. Así, para otorgarle grandeza a la singularidad, al poeta no se le ocurre otro recurso que llevar ese cuerpo al otro extremo, para disolverlo como tal y convertirlo en una instancia multiabarcante. He allí la fuerza de la analogía, he allí esa formidable palanca de resignificación que es la poesía.

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