Trabajé en La Tarde desde el 70. Tenía 23 años. Fueron seis años inolvidables, con don Víctor Zurita, Alfonso García-Ramos y otros compañeros, tan valiosos como personas y como periodistas. Allí aprendí el oficio. Los domingos dormía en un sillón de la redacción para preparar el periódico de los lunes, que llegó a tirar 12.000 ejemplares. Y eso que era un vespertino. En el 76 me fichó este periódico, que compró la oligarquía platanera para poder combatir a Ernesto Salcedo, que traía fritos a sus líderes desde el rotativo que dirigía. A finales de ese año desmontamos una huelga del Partido Comunista, una huelga salvaje, y me ascendieron a redactor-jefe.
Unos años más tarde me echaron del DIARIO DE AVISOS porque defendí públicamente y con vehemencia a unas pobres prostitutas, reclutadas en Miraflores en un jeep del Ejército, un día de Santa Bárbara, y violadas a punta de fusil por oficiales y soldados en una batería de costa. Algunos soldados de reemplazo, unos niños, lloraban. Los dueños de mi periódico querían que aquello se tapara y yo me negué. Me despidieron y me dieron un millón de pesetas como indemnización. Con ellas fundé, en el 82, AIN, la primera agencia de noticias de Canarias. Fui luego director de La Gaceta de Canarias. No recuerdo por qué me echaron esta vez. ¿O me fui yo? He sido columnista de El Día muchos años y en dos etapas; abandoné el periódico tras la muerte de mi amigo Pepe Rodríguez y en solidaridad con un compañero. Luego, Lucas Fernández me pidió que escribiera en el DIARIO, en su nueva era. Y aquí estoy, colaborando; y agradecido. Hay más, como lo de Radio Club, Radio Popular, TVE, Canal 7, Radio Burgado, Radio Ranilla, pero no cabe. Ah, con Carmelo y Martín Rivero ejercí de clandestino cuando ellos dirigían La Gaceta. Una pasada.
