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Amistades peligrosas

La primera visita que ha recibido Puigdemont en el talego alemán ha sido la de un supuesto líder de la extrema derecha. Y Pablo Iglesias se ha hecho fotos y fotos en Buenos Aires con Cristina Kirchner, que está majara, como lo estaba el bizco. El peronismo de los Kirchner, del bizco y de la amiga de Garzón, es un peronismo de chicha y nabo, que gusta a Pablo Iglesias, quien puede, incluso, opinar que el peronismo fue su cuna. La cuna de Podemos. El niño se cayó de la cuna y se fue a Buenos Aires a hablar con su mamá ideológica. Y en la cárcel donde está preso Puigdemont, un líder de la extrema derecha, al que nadie hace caso en Alemania, lo ha ido a ver, porque le conviene una cierta notoriedad, la de dar conversación al peregrino, según él perseguido por sus ideas políticas. No por capitanear un golpe de Estado, provocar una revuelta social, pisotear la Constitución y fracturar Cataluña y perjudicarla, amén de desobedecer a los tribunales, sino por sus ideas políticas. Vamos, váyanse por ahí; se han vuelto todos locos, majaretas perdidos. Esas no son sino amistades peligrosas que les van a ser recordadas a los dos políticos españoles durante todas sus vidas y que ya figuran en el archivo imborrable de la Internet. Uno, con una procesada por corrupción en Argentina; el otro, con un líder de la extrema derecha alemana, Lucke, fundador de un partido con menos futuro que el sastre de Tarzán. Los perdedores están desnortados, inventan e inventan, corriendo como gamos de aquí para allá. Su país les importa una mierda, con tal de salvarse ellos. Ni en Argentina saben de lo que es capaz Iglesias, ni en Alemania saben que Puigdemont es un payaso. Ya es hora de que se enteren.

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