Últimamente, el Cabildo de Tenerife lo arregla todo poniendo guaguas gratis. Que quieres ir a ver la nieve, pues lo puedes hacer de baracalofi; que deseas trasladarte a La Laguna o a Santa Cruz, en horas de la mañana, pues lo mismo. Este Carlos Alonso ha descubierto la pólvora, mientras él viaja en su Mercedes que le pagamos los curritos y no coge la guagua ni el tranvía, donde yo nunca lo he visto. Bueno, será porque yo tampoco soy usuario de esos y de otros medios públicos, necesarios desde luego, y alguno rentable, a pesar de que parte de sus dividendos se los gasta luego Alonso en un medio de comunicación de salón; y sé lo que digo. Antañazo, islas como la de El Hierro, en la única institución en la que confiaba era en su Cabildo, en los tiempos en que el guarda Zósimo, él solo, vigilaba los montes de la zona con una competencia extraordinaria.
Olía el humo a kilómetros y allí se presentaba el hombre para reprender al mago en la quema de rastrojos. Cuando el mago quema rastrojos es capaz de provocar las mayores desgracias, porque lo hace todo a ojo, no calcula los riesgos. Por eso hay tanto mago manco, de pescar con dinamita. Es poco diestro a la hora de controlar el momento y el alcance del estampido e ignora el daño físico y ecológico que puede provocar. Y entonces decíamos que el Cabildo de Tenerife lo arregla todo con guaguas gratis para que los ciudadanos vayan de gira por la isla y para evitar el tráfico bestial -a coche por persona- en las mañanas tenebrosas de la autopista del norte. No se planifica una nueva vía alternativa, sino que se va a la guagua gratis, que es una solución chapucera y provisional. Al nativo le encanta lo provisional, palabro que detesto.
