Instantáneas

Muerte del Premio Rómulo Gallegos

La última vez que se entregó el Premio de Novela Rómulo Gallegos fue en 2015

La última vez que se entregó el Premio de Novela Rómulo Gallegos fue en 2015. En 2017 no se pudo convocar, y todo indica que en 2019 tampoco se podrá. Entregado por primera vez en 1967 a Mario Vargas Llosa, por su novela La casa verde, las siguientes distinciones fueron para Cien años de soledad en 1972 y para Terra Nostra en 1977. Era la edad de oro del Premio, concebido precisamente por Venezuela para distinguir cada cinco años la mejor novela escrita en legua castellana. En momentos de opacidad política –el Franquismo aún dominaba a España y la América hispana exhibía no pocas dictaduras–, la apuesta era la de la libertad de opinión y de creación, tan mutiladas en el concierto iberoamericano. La renaciente democracia venezolana, reinstaurada en 1957, fijó como propósito de su política cultural ofrecer voz y espacio a la creación cultural del continente. Si no, ¿cómo entender el abrigo que Monte Ávila Editores ofrecía a la intelectualidad iberoamericana o cómo no ver en Biblioteca Ayacucho la más importante tentativa de organizar bibliográficamente el pensamiento de un continente? Era el mismo impulso que alimentaba al Premio Rómulo Gallegos, que,además, en cada entrega, auspiciaba un foro sobre novela iberoamericana que reunía a los grandes escritores y críticos del momento.

A partir de 1987, el Rómulo Gallegos ajustó su periodicidad –de cinco a dos años– y también “nacionalizó” el jurado –una decisión torpe para un concurso que, siendo internacional, merecía criterios internacionales–. Ello quizás explique que novelas bastante medianas, como La casa de las dos palmas, de Mejía Vallejo (en 1989) o La visita en el tiempo, de Uslar Pietri (en 1991), ganaran el certamen. Habrá que esperar hasta Mañana en la batalla piensa en mí, de Marías (en 1995), para que el premio readquiriera el realce de sus años iniciales, con una seguidilla que incluía a Los detectives salvajes, de Bolaño (en 1999), El viaje vertical, de Vila-Matas (en 2001) o El desbarrancadero, de Vallejo (en 2003). Con este último premio, quizás por la decisión del novelista colombiano de donar el monto a una sociedad protectora de animales, se activan las alarmas y, ya bajo el Chavismo, asegurando jurados fieles a la doctrina política, el Premio entra en barrena hasta su virtual desaparición.

En el ámbito iberoamericano, y también en términos prácticos, el Premio de Novela Mario Vargas Llosa, que se falla desde 2014, viene a ocupar el lugar que por casi cinco décadas tuvo el Rómulo Gallegos, emulando la periodicidad, la calidad del jurado y la reunión de escritores que en cada convocatoria debate el momento de la novela iberoamericana. ¿Quién hubiera pensado que el primer ganador del Rómulo Gallegos aseguraría la continuidad de esta premiación por otros medios o nominaciones? Es como para creer que, en el campo de la gestión cultural, también hay tradición.