Addoor Sticky
superconfidencial

Ay, mi madre

Yo no voy a contar lo que no conviene, pero se me ocurre decir eso de ay, mi madre, por que asistimos a una convulsión nacional relacionada con sexo, violencia y relaciones humanas confusas, que da pábulo al rumor y a la maledicencia

Yo no voy a contar lo que no conviene, pero se me ocurre decir eso de ay, mi madre, por que asistimos a una convulsión nacional relacionada con sexo, violencia y relaciones humanas confusas, que da pábulo al rumor y a la maledicencia. A veces bajan los nubarrones del cielo y, desde Laponia a Belén, se tornan tumultuosos los tiempos y las viejas historias se vuelven actuales, como si estuviéramos inmersos en una aventura mágica de Harry Potter. En los Estados Unidos, y en estos tiempos, las relaciones de cama se rigen por un contrato. Ahora te venden el pack en mercerías y farmacias; es decir, el texto del pacto yacente, escrito en un folio común, el bolígrafo para la firma y el condón para lo que pueda suceder. Por si acaso, que lo valide también un testigo; el mismo farmacéutico, si es complaciente. Llegará un día en que el cortejo sea acoso y, por tanto, no se corteje; y entonces la gente recurrirá a la autocomplacencia, al viejo onanismo, para que las feministas no te crucifiquen al amanecer, tan solo por ejercer el casto ejercicio de la insinuación. Al fin y al cabo, como decía el difunto padre de la Constitución Peces-Barba, hay pajas que se recuerdan como novias. Vivimos unos tiempos en los que, junto a grandes tragedias de acosos, violaciones y agresiones sexuales, que deben ser castigados con rigor y conforme a las leyes, se producen exageraciones y revanchas que tienen el afán de confundir a los jueces y a las legiones de las redes sociales. En estas últimas sólo vale el ataque, la defensa no se lee jamás. Te echan a la hoguera, junto con libros prohibidos y brujas. ¿Una nueva Inquisición?

TE PUEDE INTERESAR