Para un turista que pasea por el Puerto de la Cruz, un turista de un país europeo, tiene que ser motivo de confianza ver ondear la bandera de la Unión en la plaza portuense que lleva el nombre de Europa. Hubo un tiempo en que el grupo socialista municipal, o así, izó en el mismo mástil la bandera del arco iris, porque ya se sabe que a los socialistas les gusta mucho dar la nota y hay veces que abusan del mariconeo. Europa es lo que nos une, aunque en ciertas ocasiones
-léase el tratamiento judicial de Bélgica a Puigdemont- no lo parezca. Este particular desprecio puede significar el escaso peso de España en la Unión, o quizá un lastre de la historia, que no se ha borrado. Da igual, ya iremos cogiendo ese peso, indispensable para hacer valer el papel de España en una Unión que nos hace más fuertes. El otro día, un amigo magistrado me decía: “Lo que nos pasa a ti y a mi es que hemos llegado a una edad en que decir lo que pensamos no es nada difícil; es más, nos reconforta”. Yo voy a trasladarles una frase de Oscar Wilde, que era inglés aunque haya nacido en Irlanda, porque Irlanda era entonces territorio de la reina Victoria: “Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti; y es que no hablen de ti”. Siempre he hecho un poco lo que me ha dado la gana. Hoy, de haber sido prudente, hubiese vivido como un rico jubilado y sólo soy un pobre jubileta; pero que me quiten lo bailado. En fin, me alegro de que esa bandera, la de las estrellas europeas, ondee en la plaza portuense, junto al mar. Pregona que existen libertad y garantías para los ciudadanos. Lo contrario, por ejemplo, serían la estelada y el arco iris.
