Decía don Pepe Arozena, y recoge Juan del Castillo en una de sus crónicas desde el corredor, que la provincia de Soria no existía, sino que la había inventado la Renfe. Lo cierto es que en la movida madrileña de la Transición, en la movida de Tierno y de su corte de aduladores y admiradores, un grupo de rock puso de moda a la provincia y a la ciudad que Renfe se inventó con una canción definitiva, Camino Soria. Una melodía de carretera de Gabinete Caligari. Existe una liturgia de la movida, que yo viví sin fijarme demasiado en ella porque se confundía con el paisaje de Madrid. Ya había comenzado en los estertores del viejo general y se prolongó hasta que la Transición también agonizó, porque había cumplido su cometido. Tendría que meter ahí a un montón de gente, pero yo sentía devoción por Mecano, que se había vuelto loco por culpa de una hembra. La música y su recuerdo puntual de cada época siempre te dejan huella. Cuando escucho las canciones de Raimon, que ahora me suenan a calderilla, recuerdo a mi novia rubia de entonces. Ella era una niña de izquierdas y yo un niño de derecha, pero sin embargo nos queríamos, aunque por el resultado final parece que yo más. La música pone a cada uno en su sitio; a mí me puso en la Costanera de Buenos Aires cuando otra rubia que conocí de joven me obligó a escuchar a Leonardo Favio. He tenido muy poca personalidad, como ven, en mis gustos musicales, y me he dejado llevar por ellas. Siempre ha ocurrido así. Cecilia, que fue también musa de la bendita Transición, me recibió una vez en su casa madrileña y me contó cómo componía sus canciones. Qué chiquilla más encantadora. La mató la carretera.
