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el charco hondo

El selfi de Sánchez

El favor que Pedro Sánchez ha hecho al PP con su moción de censura, solo puede compararse con el daño que el secretario general socialista está haciéndole al PSOE con esta moción de censura. No es torpeza, es puro instinto de supervivencia. Otra vez poniendo al partido a los pies de sus urgencias personales, individuales e intransferibles. Otra vez embarcándolo a ninguna parte, a otra derrota que dejará a los socialistas ridiculizados, aún más tocados -especialmente en Cataluña, pero no solo allí-. Otra vez regalándole a Rajoy respiración asistida, asistencia en carretera, esta vez con una moción que dibuja un flotador para el Gobierno. Las prisas de Sánchez han provocado que se hable más de las costuras de la censura y algo menos de las razones de fondo que imponen, sí o sí, el final de esta legislatura y un anticipo electoral. Sánchez ha hecho posible lo imposible: se le está enjuiciando a él más que al propio Rajoy. El PP se ha quedado sin aliento, pero ahí está el secretario general socialista para reagrupar a la gran derecha (política, y sobre todo económica), sabiendo como saben que ir a por Sánchez está chupado. Ahora bien, háblese del PP a pesar de Sánchez. El PP debe poner el punto final a este PP. Apelan los populares al interés del país para desaconsejar un anticipo electoral, y es precisamente el interés nacional el que aconseja pasar página cuanto antes. El PP no debe empezar de cero, pero sí de nuevo; cuanto más tarden en ponerse manos a la obra, llámese refundación o reconstrucción, mayor será la caída de un partido que ya camina sobre el cable que separa el retroceso del reventón electoral. Siempre ha sabido flotar sobre sus cadáveres, pero en esta ocasión es distinto; este PP está agotado. Rajoy ha acabado su recorrido. El partido debe iniciar otro tiempo que dos mujeres, Ana Pastor y Soraya Sáenz de Santamaría, deberán liderar para dar formar al siguiente PP. El país necesita sentar la bases de un contexto diferente, y en modo alguno esa necesidad pasa por el selfi que Sánchez quiere hacerse para contarnos que sigue ahí, que no se había ido.

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