De todos los antes y después que los partidos están marcándose en estos días de truenos, relámpagos y otros efectos especiales, el único con cimientos suficientemente sólidos para marcar un tiempo diferente es el que han abierto Pablo Iglesias e Irene Montero. A raíz de la consulta (más conyugal que orgánica o ideológica) han enterrado el proyecto inicial, obligando a los suyos a finiquitar el movimiento de origen. Han dado paso a una propuesta diferente: el pablismo. Podemos, tal como lo vimos nacer, ya es lo anterior a esto. Ha nacido el pablismo. Han bastado una piscina y su jardín, adquiridos con un crédito fuera del alcance de la gente corriente, para forzar la transición de aquello a esto otro. El pecado no es el tamaño de la casa. El capítulo los desarma porque un crédito extraordinario los convierte en ciudadanos extraordinarios, en élite; en casta, sí. El episodio los desdibuja porque con su hipocresía participativa han forzado a las bases a asumir la condición de avalistas de una decisión inmobiliaria. El paso que dieron desconcierta a quienes llegaron a creer en ellos porque, como apunta el filósofo de guardia, Manuel Cruz, cuando se ha hecho bandera de la exhibición de un determinado modelo de vida como garantía de la fiabilidad de una propuesta política, el cambio de modelo (de sus vidas) pasa a ser una cuestión merecedora de ser debatida en la plaza pública; y, como apunta Cruz, y lo hace cargado de razón, Iglesias y Montero dan la sensación de que han pasado de un igualitarismo por abajo a un igualitarismo por arriba, del pobrismo que considera privilegio lo que sobrepase los estándares de salario o forma de vida al victimismo frente a las críticas. Votar la existencia de Dios o cómo endosar a las bases los problemas de conciencia, resume con acierto Manuel Cruz. Celebrar el resultado de la consulta los aleja aún más del suelo que han dejado de pisar. Si uno de cada tres incondicionales creen que Iglesias y Montero se han mudado a otra realidad que no se parece a la suya, ¿cuántos serán los que ni se molestaron en votar y, sobre todo, los cientos de miles que no están en los círculos y han dejado de sentirse representados? La consulta marca, en este caso sí, un antes y un después. Al socialismo, el liberalismo y el nacionalismo hay que añadir a partir de ahora el pablismo, una versión de bolsillo del movimiento que años atrás encontró en Podemos un cauce para expresarse políticamente.
