El charco hondo

Turistificación

Clarividente, como solía serlo, Manuel Vázquez Montalbán planteó durante la orgía olímpica de 1992, en un prólogo para la edición inglesa de Barcelonas, un amplio catálogo de preguntas que ahora, veintiséis años después, siguen siendo tan pertinentes como malamente respondidas o gestionadas

Clarividente, como solía serlo, Manuel Vázquez Montalbán planteó durante la orgía olímpica de 1992, en un prólogo para la edición inglesa de Barcelonas, un amplio catálogo de preguntas que ahora, veintiséis años después, siguen siendo tan pertinentes como malamente respondidas o gestionadas. Silenciado por el orgasmo urbanístico de aquellos años, Montalbán reivindicó la ciudad real contraponiéndola al escenario que estaba construyéndose para representar el espectáculo turístico, ese negocio que tanto ha dado a Barcelona y otras ciudades, sí, pero pagando el precio de perder el alma. La reconversión de la ciudad-ciudad en parques temáticos ha traído consigo que los vecinos se sientan figurantes; y, al otro lado del espejo, que a ojos de los turistas la experiencia ciudad-ciudad haya sido sustituida por la performance-ciudad. Los mismos vecinos que directa o indirectamente viven del turismo se echan ahora a la calle para defenderse de la turistificación de las ciudades, colocando al alquiler vacacional en la antesala de la demonización colectiva. El alquiler vacacional es una oportunidad que la negligencia reguladora de los responsables públicos están convirtiendo en un problema. No han sabido, podido o querido coger ese toro por los cuernos, y ahora, con las urnas doblando la esquina, el miedo los paralizará todavía más. Los propietarios merecen que se les permita ejercer la propiedad, los vecinos de la puerta de al lado que se regule de una vez un marco de coexistencia, y quienes buscan alquiler y no lo encuentran (o tienen que hacer las maletas porque no pueden pagar los precios de la burbuja) merecen que desde lo público se ordene un negocio que ha reventado el mercado con el aterrizaje de los grandes inversores y no tanto por culpa de las economías familiares.

No criminalicemos al turista porque nos va la vida en que siga viniendo. El problema es otro. El pecado es el limbo donde tienen al alquiler vacacional. El objetivo pasa por definir una convivencia razonable entre la ciudad-ciudad que reivindicó Vázquez Montalbán y la ciudad-performance. La meta debe ser evitar que el paisaje urbano se acartone y lograr que el vecino no sienta que lo han rebajado a la condición de mero figurante.