Tras la moción de censura consumada el viernes 1 de junio en el Congreso de los diputados y la posible alteración que este hecho podría tener en los Presupuestos Generales del Estado para 2018 ya previstos, en el Parlamento de Canarias se ha dado un cierre de filas de la mayoría de las fuerzas políticas presentes en esa cámara en cuanto a salvaguardar las partidas canarias contenidas en esa cuenta general, así como a propiciar un acuerdo mayoritario para garantizar la tramitación en las Cortes Generales de la reforma del Estatuto y del REF económico, un cierre de filas que considero muy promisorio y saludable para nuestra convivencia democrática y para la defensa de los intereses generales de nuestro pueblo.
De menor a mayor, podríamos citar las palabras tempranas del portavoz del Grupo Mixto, don Casimiro Curbelo, solicitando el mismo día 5 del presente mes que se dejaran atrás “rencores y resentimientos que se hayan podido cosechar tras la moción de censura” y se mirara por el futuro del Archipiélago.
Nueva Canarias, desde el jueves 7 de junio ya prestaba sus servicios para colaborar con el nuevo gobierno del Estado en la consecución de todos los asuntos canarios pendientes en Madrid.
Desde el 6 de junio, PP y PSOE decidían amarrar con sus senadores canarios el Presupuesto íntegro para las Islas. Por su parte, el Gobierno de Canarias recibía el 7 de junio con satisfacción la elección de María Jesús Montero en Hacienda y de Nadia Calviño en Economía, y concedía un voto de confianza al Gabinete de Sánchez. Y ayer, 11 de junio, el Ejecutivo cerraba filas con sindicatos y patronales en cuanto a la defensa conjunta de los asuntos pendientes de aprobación en Madrid.
No he leído reacciones de Podemos, pero presumo que su actitud sea la misma que la de todos los grupos parlamentarios presentes en nuestra Cámara.
La reflexión general ha sido: Canarias por encima de todo, como no podía ser menos. Canarias es un sujeto político con contratos con España y con la Unión Europea y la ideología imperante en esos gobiernos del Estado y de esa estructura supraestatal no deben impedir un permanente diálogo abierto y constructivo. Nadie pone reparo alguno en que Jean-Claude Juncker pertenezca al Partido Popular Social Cristiano luxemburgués, como tampoco ahora podemos poner reparo alguno en que el nuevo presidente del Gobierno de España sea Pedro Sánchez Pérez-Castejón del Partido Socialista Obrero Español.
Lo que sí está claro es algo que dijo el presidente del Gobierno de Canarias en las palabras preliminares a su discurso sobre el reciente debate sobre el Estado de la Nacionalidad Canaria. Durante este año, Canarias se juega tres cartas fundamentales con vistas a su futuro: la aprobación del Estatuto en tramitación, la consolidación del REF económico y el visto bueno presupuestario este 2018 a lo que todos hemos dado en llamar la Agenda Canaria: 2.107.000 millones, un 34 % más que en 2017, con partidas imprescindibles para seguir superando la crisis que hemos ido dejando atrás, aunque sectores muy sensibles y no minoritarios de nuestra sociedad nos exigen a nosotros como Comunidad y al Estado como tal esfuerzos que son siempre insuficientes para recuperar el bienestar y las expectativas de integración social perdidos. No entraré a analizar los entresijos de la moción de censura al Gobierno de Rajoy, ni la oportunidad ni la inoportunidad del uso de tal procedimiento establecido en el artículo 113 de la Constitución Española, eso sería objeto de un debate para el que ahora no tengo espacio, aunque sí quiero confesar que, de todo lo que he leído al respecto, me quedo con lo recordado por el periodista Víctor de la Serna en el periódico El Mundo: “Tres veces ha desalojado la izquierda a la derecha del poder desde que España recuperó la democracia hace cuatro decenios, en 1982, en 2004 y en 2018. Las tres veces el factor decisivo no fue un convincente programa de gobierno difundido a través de una eficaz campaña de captación de votos, sino un cataclismo ajeno al proceso electoral normal: un golpe de Estado en 1981, el peor atentado terrorista de la historia de nuestro país en 2004 [11 de marzo], y ahora una larga crisis de corrupción que desemboca en una sentencia judicial que condena al partido en el poder, el PP”.
Insisto, al margen de las batallas de la Corte, hoy tendríamos que valorar el cierre de filas de todas nuestras fuerzas políticas presentes en el Parlamento de Canarias por continuar dialogando, sin interrupciones, con el nuevo Gobierno del Estado español.

