Es capaz de saber si el balón llegó o no a entrar entre los tres palos; y, mejorando cualquier recurso informático, en su caso lo determina sin margen de error alguno. Puede que otros países necesiten analizar cada jugada, roce, encontronazo o forcejeo sentando a un ejército de árbitros delante de cinco, siete o nueve monitores; nosotros no. A los españoles nos resulta futbolísticamente anecdótico -prescindible, claro que sí- cualquier sistema de videoarbitraje para aclarar posibles infracciones. Tampoco nos hace falta repasar imágenes para despejar dudas en la señalización de un penalti o ante hipotéticas situaciones que merezcan tarjetas amarillas o rojas. En nuestro país nos preguntamos para qué queremos el VAR teniendo como tenemos al del bar, figura insustituible de la flora y fauna, especie que al llegar los mundiales aparca sus alegatos como analista político, filósofo urbano, allanador de conversaciones ajenas o perito de asuntos que no le conciernen, entre otras disciplinas, para centrarse en su papel de estos días: dictaminar si fue o no penalti, falta, agresión o fuera de juego. En los bares hay mucha gente, pero solo uno es el genuino, el del bar, ese que siempre tiene la copa a la mitad y los decibelios al doble, el que se instala un tono por encima del siguiente que más grita en su afán de llamar la atención -o de existir, que no es poco-. El del bar suele estar solo -él sabrá la razón, y quienes le huyen seguro que también-. El del bar nació sabido, jamás duda, lo tiene todo tan claro que sentencia en firme; y toca todo los palos, no hay materia que se le resista. Siendo experto en urbanismo, economía, sanidad o educación, ¿cómo se le va a escapar el fútbol? Sergio Ramos, Iniesta o Piqué no atan una bota al del bar como jugadores, y qué decir de Hierro, si dejara el equipo en sus manos -cuando suelte el botellín- otro gallo nos habría cantado con los portugueses. El del bar sabe si hubo o no contacto, si fue penalti o fue el delantero el que provocó el impacto. El del bar sabe si hubo o no fuera de juego, y eso que en ese momento estaba en el baño. A él le sobra el vídeo assistant referee para pitar la falta dudosa que hicieron a Costa mientras el del bar volvía de echarse un cigarro. En otros países no sabemos, pero en éste para qué necesitamos VAR sin tenemos al del bar.
