El charco hondo

Goles en propia puerta

La inmediatez impide calificar correctamente lo ocurrido, es demasiado pronto para valorar lo que ha pasado

La inmediatez impide calificar correctamente lo ocurrido, es demasiado pronto para valorar lo que ha pasado. Será dentro de unos meses o años cuando, con algo de perspectiva, caigamos en la cuenta de que Julen Lopetegui es un hombre de Estado, un patriota capaz de inmolarse con un gol en propia puerta haciéndose pasar por estúpido, torpe, idiota o ingenuo para tapar siquiera un poco lo del cuñado del rey o, cumpliendo con creces la misión secreta que a buen seguro le fue encomendada, para no dejar solo a Sánchez durante las horas que tardó en dimitirle un ministro que le había metido otro gol en propia puerta. Hizo bien el presidente del Gobierno señalándole la puerta de salida, aunque bien pudo hacerlo a primerísima hora, ahorrándose el desfile de cargos socialistas sonando a más de lo mismo en la defensa de unos hechos que tanto da si delito, picaresca, cambio de criterio fiscal, fraude, truco o trato, porque este país no está para paños calientes con según qué cosas. El error del presidente fue creerse que podría indultar al ministro, y su acierto cortarlo de raíz antes de que el vicio de ganar tiempo lo contagiara. Sánchez ha llegado aupado por una situación extraordinaria que exige ser igualmente extraordinario en lo que a ejemplaridad se refiere; su listón debe estar mucho más alto que el de sus predecesores. Excelente trabajo el que ha hecho ese estadista llamado Lopetegui. No era fácil conseguir llamar la atención para que, entretenidos con los tuits, durante las primeras malas horas del presidente la calle hablara más de fútbol que de cultura o de monarquías y realezas que, a diferencia de lo que se estiló durante tantísimos siglos pasados, ahora cuando la hacen la pagan. El seleccionador lo ha bordado. A pocas horas de un campeonato puedes permitirte fichar por el Liverpool, la Juve o el San Sebastián de los Reyes, pero jamás por el Real Madrid o el Barça porque este país no está para que le jodan la tregua o el respiro que solo un mundial nos da, aparcando unos días las agotadoras pugnas hispano-españolas. Ingenuo, torpe o patriota, si España tropieza en Rusia suya será la culpa, importando poco que vea los partidos desde el sillón de su casa, puede que sentado junto a Rajoy y Màxim Huerta, preguntándose los tres si lo que les ha pasado estos días es real o solo una pesadilla.