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el charco hondo

La sobremesa de Rajoy

Cuando un ciclo no da más de sí el partido que lo ha protagonizado colapsa, la concentración de sodio del discurso le cae a niveles demasiado bajos, provocando en sus dirigentes esa sensación de boca seca que estos días han sufrido los portavoces del PP, golpe de calor causado por un cúmulo de fallos multiorgánicos que los dejó sin aliento argumental

Cuando un ciclo no da más de sí el partido que lo ha protagonizado colapsa, la concentración de sodio del discurso le cae a niveles demasiado bajos, provocando en sus dirigentes esa sensación de boca seca que estos días han sufrido los portavoces del PP, golpe de calor causado por un cúmulo de fallos multiorgánicos que los dejó sin aliento argumental. El bache de este PP no tuvo que ver con que, con la sangre acumulada en piel y extremidades, las razones no le llegaran al cerebro; el problema fue que ésta era la pájara final y no lo quisieron entender.

El interés general, la estabilidad o la gobernabilidad del país, en los que inútilmente se atrincheró Rajoy, bien lejos de aconsejar la continuidad del Gobierno exigían el final de esta legislatura. El único movimiento que pudo ahorrar a Rajoy este bochorno -ausentarse ayer lo empobrece- era anticiparse anunciando un anticipo electoral y su renuncia a intentar la reelección en las siguientes generales. Este PP estaba finiquitado por no haber aceptado la realidad, por no haber reconocido la gravedad de los hechos para, acto seguido, promover elecciones para otoño o primavera.

El PP paga por haber gestionado la situación con más soberbia que inteligencia, con la boca seca y el sodio demasiado bajo, sin comprender que ésta era la definitiva. Sánchez le ha hecho un favor al PP (sí, un favor) evitándole meses desintegrándose bastante más que en la oposición. El secretario general socialista causa un daño incalculable a su partido (sí, un daño) con este viaje a ninguna parte, metiendo a los suyos en un pozo del que saldrán electoralmente peor de lo que están.

El pim-pam-pum que ayer le auguraron los nacionalistas vascos se queda corto ante el infierno de zancadillas, desplantes, humillaciones y desestabilización con el que acunarán a Sánchez tanto los pablistas como la CUP que van a montarle los independentistas catalanes. La solución no era -no es- Sánchez. La receta no pasaba por estirar esta legislatura sino por liquidarla de una vez. Rajoy cae, Sánchez gana para presidir su desgobierno y el PSOE pierde porque protagonizará unos meses envenenados, un caos que pasará factura a los socialistas en las siguientes urnas, garantizándoles otra mala noche electoral.

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