Cuando la diputada de Coalición Canaria anunció que cambiaba su voto negativo a la moción de censura por la abstención, y empezó a dirigirse a Pedro Sánchez como si ya fuera el presidente del Gobierno y no el candidato, y a recordarle lo bien que se han llevado en el pasado y lo buena que es Coalición colaborando con los socialistas, estuvimos seguros de cuál iba a ser el voto de los vascos. Que no era cuestión de poner en peligro el REF y la financiación ya pactada con los salientes, aunque los socialistas tinerfeños siempre han apostado por Susana Díaz. Después, cuando Aitor Esteban empezó afirmando que su partido no aspiraba a gobernar España sino el País Vasco (se le olvidó Navarra), dudamos si finalmente se abstendría, pero el propio portavoz del PNV se encargo de aclarar su posición, a pocos días de haber pactado con los populares enormes privilegios presupuestarios: tampoco era cuestión de ser los únicos nacionalistas en significarse apoyando a Rajoy; y con los socialistas siempre se han entendido muy bien en tierras vascas. El nacionalismo suele tirar al monte, aunque sea de derechas.
El aventurerismo de Pedro Sánchez le ha convertido en el primer presidente del Gobierno que llega a serlo por una moción de censura, una moción temeraria, irresponsable y desestabilizadora, que lo condena a ser rehén de Podemos (durante el debate ya Pablo Iglesias le dictó el Programa de gobierno y le sugirió que los incluyera en el Ejecutivo), y, sobre todo, de los independentistas catalanes. De modo que los que proclaman su derecho a la autodeterminación y su deseo de romper España, encima deciden el Gobierno de esa España que quieren abandonar. ¿A cambio de qué lo hacen? ¿Qué ha pactado Pedro Sánchez con ellos? ¿Acercar los presos a Cataluña, como le pide Ada Colau? ¿Indultarlos sin estar todavía condenados, como Miquel Iceta proponía durante la campaña electoral catalana? Y llegar a la Moncloa con el voto de Bildu no solo es un insulto a las víctimas del terrorismo, sino a los innumerables militantes y votantes socialistas asesinados por ETA.
¿Cómo se puede pretender gobernar con unos Presupuestos a los que se ha calificado de antisociales, en contra de los que se ha votado, y sin controlar el Senado ni la Mesa del Congreso? El Gobierno de Pedro Sánchez nos retrotrae a los tiempos del sectarismo irresponsable de Rodríguez Zapatero, ahora convertido en defensor del régimen bolivariano. En otras palabras, las previsibles medidas demagógicas que se van a adoptar perjudicarán gravemente el interés público y el futuro económico de los españoles, poniendo en riesgo la recuperación de la crisis alcanzada. Y es que el voluntarismo y la ignorancia de cierta izquierda olvidan siempre que la economía y los mercados funcionan conforme a unas leyes cuya vulneración se paga muy cara. Cuando los electores españoles recuperemos el juicio, ¿habrá que ponerse a la tarea de recomponer de nuevo nuestra maltrecha economía? ¿Habrá que volver a empezar? El nombramiento de la directora general de Presupuestos de la Comisión Europea como nueva ministra de Economía abre un resquicio a la esperanza. Pero otros nombramientos lo cierran.
