aben las torres, y conocen caballos o alfiles, que en el ajedrez, como en la política, minimizar las repercusiones de un movimiento equivocado maximiza las consecuencias del error que se ha cometido. Aprendieron años atrás el rey, los peones o la reina, y no necesariamente por ese orden, que minimizar los efectos del tropiezo multiplica los riesgos, debilita, incrementando las vulnerabilidades de las siguientes jugadas. Cuando Ángel Víctor Torres cometió el pecado de desatender a quienes en su Isla de enfrente lo apoyaron meses atrás, alimentándoles así la sensación de que no los necesita porque ya vuela solo, el secretario general socialista derrapó sobre el tablero; pero ha sido al minimizar el enfado de los suyos cuando se ha metido en un verdadero lío. Quitar importancia públicamente al malestar de los cabreados (con unas declaraciones inoportunas) a oídos de los suyos suena a subestimarlos, a restar peso no tanto al enfado como a los enfadados. Y no les falta razón a quienes, dirigentes rodeados por los romanos del sur, aldea gala de Ángel Víctor Torres en occidente, han descubierto que el secretario general al que auparon cada vez los escucha menos porque ha aprendido a volar sin ellos, corriendo de esa forma el creciente riesgo de que ellos aprendan a volar sin él y opten por explorar otros caminos. El secretario general estará procurando desandar lo andado, bien porque ha caído en su patinazo bien porque alguien le ha abierto los ojos e intentará reconciliarse con sus pocos propios. No le queda otra; pero no lo tiene fácil, qué va. Tenerife le ha dado la espalda y en Gran Canaria ha tenido meses mejores. Mala cosa, sobre todo cuando algo cansados de tanto culebrón en el estado mayor socialista abren sus oídos a otros interlocutores; o cuando, aquí, en las Islas, hay pesos pesados, cargos orgánicos, militantes y simpatizantes a quienes no hace demasiada gracia el automatismo que pretende Ángel Víctor Torres, esa sentencia no escrita según la cual quien se acuesta secretario general amanece candidato a la presidencia del Gobierno.
