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Changas

Si les digo la verdad, estoy harto del changuerío, que se ha acrecentado coincidiendo con el acceso al poder de la izquierda casposa. El otro día, el letrado Miguel Cabrera Pérez-Camacho, presidente del Real Casino de Tenerife -siempre llamado por mí Casino de los Caballeros- tuvo que actuar para echar de allí a un individuo que se presentó a un acto, en bermudas. El interfecto resulto ser policía, y como se vio ridiculizado por la intervención de los conserjes, que le prohibieron la estancia, llamó a la Policía Local y a la Nacional, dos de cuyos patrulleros se presentaron allí, sin orden judicial. El presidente del Casino los echó a la calle a los cinco, con dos cojones, y les dijo que si querían permanecer en el Casino, que le llevaran un mandamiento judicial, cosa que naturalmente no aportaron. Total, que estoy harto de changas. A una sociedad como el Casino no se puede ir en bermudas, punto uno; y punto dos, no creo que sean necesarios dos patrulleros y cuatro agentes para resolver un asunto privado, pues el poli del lance estaba fuera de servicio y sólo se le advirtió de las normas de la sociedad. Ellos dicen que Miguel Cabrera se mostró irrespetuoso y que no se quiso identificar; y no, lo que se mostró fue indignado, porque el de las bermudas parece que enseñó la placa a la gerente del Casino, de mal rollito. Todo figura en la denuncia, según he leído en la prensa. Coño, siempre hay gente decidida a armar el follón, como si estuviéramos en la época de la Oprobiosa. Pero, ¿a quién se le ocurre ir al Real Casino en bermudas, hombre de Dios? Es como si Billy el Niño acudiera en bañador a la Audiencia Nacional a entregar sus medallas.

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