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el charco hondo

Échale fresco que se sancocha

Hay palabras más o menos soeces, expresiones manifiestamente prescindibles, usos con una carga notable de chabacanería y procacidad; y luego está lo de la calocha, tengo calocha, ¿qué es eso?, calor en la choc, ¿qué es eso?, tengo calocha, calor en la choc. Hay letras bastante bastas, y letristas que, careciendo de recursos para jugar con algo parecido a una metáfora, se tiran a la piscina de la ordinariez; y luego, kilómetros más allá, está la calocha, échale fresco que se sancocha, qué es lo que quieres, te paso la brocha, mi pantalón ya se me desabrocha, y se te quiere salir la panocha. En el siglo del reguetón se escuchan estribillos que compiten en zafiedad, duros pero infantiloides, cutres. A veces tiran de rimas básicamente ordinarias; y luego, colocando muchísimo más arriba su listón, está lo de la calocha, con estos calores, me dan ganas de caminar, desnudita por ahí para abajo, enseñando el tajo. Quienes crean que lo han escuchado todo, o aquellos que piensen que no les queda mucho más por ver, se equivocan; lo que hayan escuchado o visto hasta la fecha son villancicos, dulces canciones de catequesis si se comparan con la que pulveriza todos los registros, esa que reduce a las de su género a la condición de repertorio para cenizos y mojigatos. Cualquier referencia se queda corta cuando se escucha la calocha, tengo calocha, ¿qué es eso?, calor en la choc, tengo calocha, calor en la choc. Creímos que los oídos estaban entrenados para cualquier cosa que estuviera o estuviese por venir. Pensamos que los tímpanos han acumulado ya tantas toneladas de ordinariez que difícilmente asomaría una canción que desmintiera la tesis de que se había tocado fondo, y en esto que llegó la calocha, como vela de cumpleaños, ella quiere que la sople. En este punto, y sin recoger algún que otro juego de palabras (llamémoslo así) que va incluso más allá, queda en manos de los más osados atreverse con el vídeo de la calocha. Allá cada cual. Allá quienes se dejen arrastrar por la curiosidad y busquen en las redes el vídeo calocho. Allá aquellos que a pesar de las advertencias no quieran quedarse sin confirmar que, efectivamente, lo de la calocha es la bastada que marca el antes y el después en la industria de las bastadas, échale fresco que se sancocha.

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