Si aciertan los gitanos, y es verdad eso de que los buenos comienzos son un atajo que conduce a finales desastrosos, estén o no graduadas sus gafas de sol, acaricie o no a su perro, se fotografíe bastante o algo menos las manos, y corra mucho o poco por las mañanas, el terrorífico estreno del Gobierno socialista con estas Islas augura a Pedro Sánchez un final espléndido. Difícilmente puede empezarse peor. No hay precedente de ministros que hayan optado por inmolarse así en su debut. Al parecer, a José Luis Ábalos le van los malos principios, de ahí que, dejándose llevar por el augurio gitano, haya amarrado un estreno que acompañará al ministro y al conjunto del Ejecutivo socialista hasta sus últimos días. Ábalos no es de los que se conforma con patinar o meter la pata una vez. Ha preferido rematar empeorando lo que parecía que no se podía torcer más. Decir lo que dijo está mal, desdecirse está feo, y rectificar quedándose solo un poco embarazado de alternativas es de traca. Sentenció, y de qué forma, que la bonificación del 75% tiene para seis meses (nos pongamos como nos pongamos, que él es ministro y tiene cosas que hacer). Horas después circuló, extintor en mano, que sí que había forma de acortar siquiera un poco los plazos. Y, ya en caída libre, ayer manda el recado de que incluso podría resolverse con un decreto ley. O ignoraba o faltó a la verdad a sabiendas. La bonificación del 75% no es el asunto más relevante que los canarios tenemos en la agenda, pero hay episodios (y actitudes) que no se miden en millones, sino en emociones. A pie de calle la sensación es que nos están vacilando, y esa percepción es gas inflamable para los socialistas de las Islas, partido que ha demostrado tener los reflejos de una maceta y un peso orgánico equiparable al de la mantis religiosa. Será que el ministro cree en el augurio gitano. O que considera que los poco más de 200 millones que cuesta la bonificación del 75% va a reventar la caja del Estado, que lleva 60.000 millones gastados en alta velocidad. O puede que Ábalos siga razonando como secretario de Organización más que como ministro -por cierto, curiosa tradición socialista ésta de poner al frente del Ministerio de Fomento al secretario de Organización del partido, responsabilidad orgánica que normalmente consiste en tener amarrada la lealtad de los suyos en según qué comunidades autónomas-. Sea como fuere, si el ministro cree en el augurio gitano lo ha bordado.
