superconfidencial

Historias del Mencey

El otro día me entrevistaba Jordi García-Candáu, para un programa que produce para La 2 de TVE, sobre mi estancia de dos años en el hotel Mencey, como huésped

El otro día me entrevistaba Jordi García-Candáu, para un programa que produce para La 2 de TVE, sobre mi estancia de dos años en el hotel Mencey, como huésped. Y me pidió que le contara alguna historia, que no fueran sólo la muerte de Lecuona, muchos años antes, y la última cena de Robert Maxwell, algunos años después. Algunas cosas ya se han contado y otras hay que no se pueden contar, pero le relaté a Jordi lo que me pasó cuando, con Eliseo Izquierdo, fuimos a entrevistar a Camilo José Cela, que era -y es- uno de mis ídolos literarios. Era en los 70, es decir muchos años antes de serle concedido el Nobel. Creo que lo invitó a pronunciar una conferencia aquel entrañable hombre de esquinas que fue el abogado don José Arozena Paredes. Subimos a la habitación de don Camilo, que estaba escribiendo una nota a alguien, mojando el plumín de la estilográfica en un tintero. En un momento dado, la pluma no escribía y al escritor le sobrevino uno de sus habituales ataques de ira (parecidos a los de Fernando Fernán Gómez) y lanzó la pluma contra la pared; el plumín quedó clavado en ella. Pasó rozando la cabeza de su primera mujer, Rosario; la pobre no pronunció ni una sola queja, acostumbrada como estaba a las destemplanzas de aquel machista irredento. Cuando don Camilo escribió una de sus últimas novelas, Mazurca para dos muertos, el ciego Gaudencio, su protagonista, interpreta su melodía sólo dos veces en la obra, el 16 de agosto y el 30 de noviembre. Qué curioso, el día de mi cumpleaños y el de mi santo, sólo que en años distintos, los del comienzo y el final de la guerra civil, o casi. No sé si la anécdota, que conté incompleta a Jordi García-Candáu, servirá para el programa, tras su montaje, pero ahí queda como otra historia del Mencey. Hay más.

TE PUEDE INTERESAR