el charco hondo

La música de las bodas (y 2)

Las bodas y las primarias tienen su música, preferentemente viejuna porque así los instintos básicos son arrastrados a la pista de baile con más facilidad; y dejan resaca

Las bodas y las primarias tienen su música, preferentemente viejuna porque así los instintos básicos son arrastrados a la pista de baile con más facilidad; y dejan resaca. La boda roja de Juego de tronos dejó un reguero de sangre; la otra, la del PP, ha sido en azul pero irá tiñéndose de rojo. A rey muerto, rey puesto. Según la versión oficial, los compromisarios han votado por pasar página del pasado y mirar al futuro; es una manera de verlo. Hay otras. El relato que ha dado forma Pablo Casado, alumno aventajado de Aznar, habla de un dirigente contrario a llamar matrimonio a las uniones que no sean entre un hombre y una mujer, que pone reparos a las políticas de género, duda de la descentralización, flirtea con la ilegalización de los partidos independentistas y bebe de las doctrinas económicas del ala dura de los liberales; a la vista está, fue al revés, los compromisarios votaron por pasar página del futuro y mirar a un pasado que les resulta más familiar, más reconocible. Casado sabe que para ganar las elecciones tendrá que dulcificar sus banderas. Ahora bien, Sánchez y él son conscientes de que la resurrección del bipartidismo pasa por movilizar emocionalmente a las dos Españas. El bipartidismo es más intestinal que cerebral, necesita tocar las vísceras para recuperar los espacios perdidos e intentar sacar de la carretera a quienes no sean PP o PSOE. Soraya le venía peor a los socialistas. Sánchez crece con Casado. El guion de quienes rodean al presidente del PP facilitará que, para frenarlos, muchos votantes socialistas opten por atrincherarse en la casa grande de la izquierda. Rivera tendrá que decidir si pelea por la derecha-derecha u opta por hacerse con un espacio propio en el centro. ¿Y en Canarias? A Coalición le ha ido bien con el tándem Rajoy-Santamaría, pero puede irle aún mejor ahora que José Manuel Soria retoma las riendas -tanto da si orgánicamente o no, el jefe es quien vuelve a tener hilo directo con la cabina de mando-. De cualquier forma, quien tiene ahora la sartén por el mango es Sánchez. Si decide convocar elecciones (justo antes de que su tirón en las encuestas empiece a perder fuelle) es posible que junte generales con autonómicas y locales. Si eso ocurre, la fiesta acabará con los invitados subidos a las mesas, el disc-jockey liándose con la suegra y los partidos de implantación regional temiéndose su boda roja.

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