cartas desde paris

Lluvia de gloria sobre Macron

No pude resistirme y le llamé a Carmelo desde la Coupole, en París, donde se descorchó champán desde el primer gol de Francia, esa inteligente jugada del más listo de los jugadores de Deschamps, el atlético Griezman. Hizo un quiebro al árbitro argentino y lo llevó a creer que le habían hecho falta los croatas. ...read more →

No pude resistirme y le llamé a Carmelo desde la Coupole, en París, donde se descorchó champán desde el primer gol de Francia, esa inteligente jugada del más listo de los jugadores de Deschamps, el atlético Griezman. Hizo un quiebro al árbitro argentino y lo llevó a creer que le habían hecho falta los croatas. Luego vino Mbappé para deshacer el empate que con esfuerzo lograron Modric y los suyos, y después ya solo hubo en el campo una inteligencia, la inteligencia francesa. Croacia puso el esfuerzo, pero donde juega Mbappé quien esté enfrente vive en situación peligrosa de derrota.

Eso es lo que le quise decir a Carmelo en cuanto Francia empezó a ser indiscutible ganadora: que yo se lo había dicho, el futuro se llama Mbappé. Y así titulé una de estas cartas que envié al director del DIARIO DE AVISOS. Éste me respondió con la fe de los croatas, incluso cuando iban 4-1. Me dijo: “Modric es mucho Modric, espera y verás”. Hubo un rayo de luz croata, cuando Manzukic cogió desprevenido al ingenuo portero francés y se acortaron distancias abismales.

Vi el partido rodeado de franceses, como es natural. Cuando estas cosas ocurren me siento siempre a favor de quien menos tiene. Croacia tiene menos población, menos futbolistas, menos historia y aún así una historia muy desgraciada. Ha hecho un campeonato digno de los mejores, y ha llegado a la final con ganas y recursos, a pesar de sus peculiares fallas. Pero en el equipo tiene a dos genios del fútbol de pase, Modric y Rakitic, que han mareado a otros grandes del campeonato, y que hicieron una final meritoria. Por ellos, y por algún pariente que me ha salido croata, fui el único en La Coupole que gritaba a favor de sus jugadas y también contra un árbitro argentino que se dejó seducir por Griezman y aceptó que éste había sido derribado cuando se cayó él solo.

Llamé a Carmelo de nuevo, al final del partido. A él no le debió importar tanto ni el resultado ni mi fácil profecía sobre el futuro que representa Mbappé, pues nada más salir al teléfono me espetó:

-¿Te has fijado, muchacho, cómo están de enchumbados Macron y Putin bajo el diluvio de Moscú?

Así es Carmelo, practica la lógica de Duggi.