Al parecer, una de las lunas de Júpiter viaja por carretera en sentido contrario, multiplicando de esa forma las probabilidades de que termine chocando con el sinfín de objetos que se mueven en la dirección considerada correcta. Se desentiende de la ruta orbital mayoritaria, condenándose a impactar cada cierto tiempo con asteroides rocosos y cometas congelados. A quienes con según qué asuntos orbitamos en la dirección políticamente incorrecta, nos pasa como a esa luna o a los vehículos que en México circulan en dirección contraria (en contraflujo, le dicen), que los meten en el corralón. A las lunas, a los coches y a quienes desnudamos en público nuestras opiniones, cuando navegamos en sentido contrario en según qué cuestiones algunos nos meten en su corralón, y allí nos retienen con desacuerdos acalorados, descalificaciones prescindibles, verdades incompletas, insinuaciones y otros síntomas de malestar general. A veces pasa. Ni muchas ni pocas, sencillamente pasa. Hay asuntos malditos, pura nitroglicerina. Hay cuestiones con las que al salirnos de la órbita mayoritaria hacemos que afloren algunas señales de déficit democrático. Lo de los separatistas encarcelados, por ejemplo. Hace una semana me pregunté por escrito, aquí, en estas líneas, ¿por qué no pueden esperar en casa? Dije, y reitero, que muchos nos preguntamos qué demonios hacen Oriol Junqueras u otros en prisión, por qué no pueden esperar en casa a que sean procesados o en su caso condenados. Escribí, y vuelvo a hacerlo, que los dirigentes independentistas catalanes deberían estar fuera de la cárcel. Carguen, apunten, fuego. Aquellos que han respondido por distintos cauces no se detienen, para qué, en que se acompañó dicha consideración con afirmaciones como que el procés, hijo de las urgencias judiciales y políticas del establishment, ha sido la farsa con la que la dirigencia catalana ha estafado a cientos de miles de personas. A sus ojos, haber planteado que los separatistas no han debido pasar meses en la cárcel te convierte incontestablemente en pro-independentista. Así son las cosas cuando las lunas y los coches, o los que tenemos por oficio contar cosas, orbitamos en contraflujo. A veces pasa. Ni muchas ni pocas, sencillamente pasa. La intransigencia responde arrastrándote a su corralón, al lugar donde los guardianes de lo adecuado depositan a quienes hemos sido políticamente incorrectos.
Los guardianes del corralón
Al parecer, una de las lunas de Júpiter viaja por carretera en sentido contrario, multiplicando de esa forma las probabilidades de que termine chocando con el sinfín de objetos que se mueven en la dirección considerada correcta
