el charco hondo

Los tiempos del consejero

No hay que tener miedo a no hacer nada productivo

No hay que tener miedo a no hacer nada productivo. Andrea Köhler lo resume así cuando habla de El tiempo regalado, un ensayo entre literario y filosófico con el que la escritora alemana quiere reivindicar las bondades de la lentitud y la espera. Queda confirmarlo, pero hay razones suficientes para concluir que el consejero de Obras Públicas tiene en las reflexiones de Andrea Köhler la luz que lo guía, y en la paciencia que reclama El tiempo regalado su ideario de cabecera (si también ha leído o lee a Beckett y Heidegger es algo que habría que preguntar, pausadamente, al vicepresidente). Köhler, y el consejero, solo ven virtudes en lo que otros consideran la lata de tener que esperar. Köhler, y el vicepresidente, entienden que los tiempos de espera lejos de conllevar oportunidades perdidas deben ser celebrados, porque ensanchan el tiempo que tenemos para pensar y conectar con nosotros mismos. Köhler, y Pablo Rodríguez, coinciden en que empeñarse en acortar los tiempos de espera conduce fatalmente a las crisis de ansiedad y, en algunos casos, a laberintos médicos. El consejero de Obras Públicas tiene en la escritora alemana el faro que lo conduce en su tormenta imperfecta de proyectos pendientes de redactar, licitaciones aplazadas y obras sin empezar. Los proyectos, licitaciones y obras, en boca del vicepresidente, son el espejismo que el calor dibuja sobre las autopistas, ese charco que parece a mano pero nunca alcanzamos, ese cartel que cuelga en algunos bares indicando que hoy no se fía pero mañana sí, hoy no se avanza con proyectos, licitaciones u obras pero mañana sí, es cosa de semanas, antes de que acabe el año, en unos meses; y así una y otra vez. Rodríguez y Andrea Köhler defienden que esperar es tiempo regalado y no perdido. El consejero de Obras Públicas y la escritora alemana comparten que esperar incrementa el encanto y la razón de ser de la existencia, de la vida. La exaltación que el vicepresidente hace constantemente de las bondades de esperar tiene una sola explicación, y debe buscarse en su condición de lector empedernido de Köhler. Cree Rodríguez que empeñarse en acortar los tiempos de espera es una mala costumbre, por eso va acumulando proyectos, licitaciones y obras,ensanchando el tiempo para que en esta Isla sigamos pensando y conectando con nosotros mismos. El consejero es de los que piensan que no hay que tener miedo a no hacer nada productivo.

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