después del paréntesis

Pérez-Reverte

Lo seguimos en el Mundial. La periodista tal denunció a un aficionado por acercarse a ella mientras trabajaba y expresar que era guapa. Mas hete aquí que la misma, en sus redes sociales, manifestó que los futbolistas de Marruecos están cañón. La pregunta es inevitable: ¿qué está fuera de lo sensato, el brío del dicho aficionado o el de la señorita en cuestión?, ¿qué es lo que nos propone este mundo atrabiliario, que a Harvey Weinstein no se le castigue por ser un depredador sexual o concederle razón a los actores que han manifestado no trabajar más con Woody Allen porque una chica lo acusa falsamente (según testimonios solventes) de agresión sexual? Esta realidad nos está llevando a extremos desoladores.

En semejante fallo se encuentra el escritor Arturo Pérez-Reverte. Se topa con una actitud en España a la que por lo general se le da la espalda: es claro, valiente y apunta siempre a la cabeza para que conste. La vida de Pérez-Reverte forjó esa convicción, que alcanza solo a los hombres sublimes: la sinceridad. Lo conocí hace algún tiempo. Estábamos en la Universidad de Verano de la ULL y los hoteles que nos sirvió la organización dejaban que desear. Se acercó a mí y no pidió nada para él. Me dijo “por favor, saca al gran Antonio Tabucchi de esa miseria”. Sujeto de lectura, de admiración, comprometido y dispuesto a administrar solvencia a lo que ocurre a su alrededor.

Cada vez más voces en este país apuntan a eso que vimos al principio: para las mujeres sí, para los hombres lo de menos es un porfavor. Una patética, rudimentaria y abstrusa visión del feminismo, que eso no es. Una cosa es instituir la diferencia y otra es aclamar sin reserva, comedimiento y conocimiento la exclusión. Y eso toca a la lengua, para ellas machista. De lo cual se deduce que confunden lo que prueban los lingüistas desde hace mucho tiempo, confunden sexo con género gramatical.

Como todas las construcciones humanas (por ejemplo el derecho), las normas se arriman más a lo macho que a lo hembra. Y por eso debemos tener cuidado con de los usos y ser consecuentes con ellos. Eso es una cosa y otra que todas las palabras masculinas deban tener un doble femenino, y no las femeninas uno masculino.

Ello alcanza a la Real Academia Española, que se encuentra en un brete por esa presión. Por ahí, por una lengua inclusiva (a la redacción de la Constitución se refiere), Arturo Pérez-Reverte no pasará. No se sentirá representado por la institución y, en conciencia, la abandonará. No les quepa duda.

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