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Venezuela vista desde Canarias

La relación de Canarias con Venezuela es, esencialmente, emocional

La relación de Canarias con Venezuela es, esencialmente, emocional. Tiene que ver con los relatos familiares de padres, tíos o abuelos que emigraron en masa hacia mediados del siglo XX, sellando una vida que no hubiesen podido conseguir en el archipiélago. Tan sólo con hacer mención a su nombre ante gente de Tenerife, La Palma o El Hierro, como resortes surgen relatos de parientes, ahijados, negocios o situaciones que se recuerdan con vivacidad. No hay canario que se haya radicado en Venezuela cuya vida, en el mejor sentido de la palabra, no se haya enriquecido, tanto espiritual como materialmente. Asumieron a Venezuela como una extensión de su territorio, y también Venezuela los adoptó como unos connacionales que reaparecen para llevar el país a la modernidad política y económica. De las grandes migraciones que Venezuela recibió durante el siglo XX, sin duda que la canaria fue la que más se emparejó con el modo de vivir venezolano: el habla y las dietas se endulzaron con los chéveres y las arepas.

Esa “tierra de gracia”, sin embargo, de la que hablaba Colón, hoy en día es una desgracia colectiva, que cada vez hace más inviable su recuperación. El tono del canario residente, del que sobrevive, nada tiene que ver con el de los tiempos de prosperidad; ahora es el de huída, el de salvar los negocios o el de poner a salvo a sus parientes. A la salida de los canarios que son descendientes de los emigrantes originarios, se suma la masiva oleada de venezolanos, estimada ya en un 10% de la población, que ahora buscan en tierra ajena lo mismo que buscaban los canarios en la Venezuela de los años 50. Son razones de peso para no pensar en que el ciclo histórico del siglo XXestá cerrado, y que ahora nos toca repensar este nuevo ciclo del siglo XXI.

Y para comenzar, una idea que debe sopesarse con profundidad: tomando en cuenta de que, en Venezuela, el Estado no existe (lo que existe es más bien una camarilla delincuencial), y, por lo tanto, tampoco instituciones, mucho bien se haría si, desde Canarias, se construyen plataformas institucionales para hablar de historia, de política, de economía o de cultura venezolana, partiendo de la fuerte relación bilateral que existe. Si uno de los objetivos del Chavismo ha sido borrar la memoria histórica y cultural de la nación venezolana, ¿qué impide que la reacción de recuperación se haga desde un territorio emocionalmente comprometido con Venezuela? Sería el menor esfuerzo que este país merece después de acoger a la diáspora canaria en tiempos de penurias económicas y férrea dictadura franquista. La cultura venezolana de hoy, por ejemplo, a falta de museos públicos o de editoriales que han terminado confiscadas, existe por el empeño de sus creadores, que siguen manteniendo el discurso cultural pese a todas las adversidades. ¿No merecen estos héroes cuasi anónimos alguna invitación, algún reconocimiento, una que otra residencia artística? También desde la orfandad se crean monumentos.

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