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Animismo

El “sincretismo” es un proceso de “trasculturación” (Fernando Ortiz-1940 Cuba) y mestizaje entre culturas. Se produce una simbiosis de ambas, en una cohabitación en el tiempo y en doble movimiento. Acomodación para luego asimilarse. La historia de la humanidad viene ligada al mundo de lo simbólico, desde que la conciencia nos expulsó del paraíso.

El animismo representa una de las formas primeras del fenómeno religioso, que se manifiesta en todas las culturas. Donde la vida del ancestro continúa después de la muerte. Se interactúa con dioses y espíritus. El alma puede abandonar el cuerpo en trance, sueños o por mediación de chamanes y brujos. El espíritu puede ser invadido por otros seres. Todos los entes tienen vida propia. Se realizan ofrendas y sacrificios, incluso humanos, para conjurar a los dioses. Lo vemos en varios momentos y culturas.
Así referimos el discurso animista del jefe indio Noah Seattle (1786-1866), en 1854 a la compra de sus tierras por el gran jefe blanco de Washington. Decía que “todo trozo de tierra es sagrado, hojas, playas, nubes, el amanecer, el rocío y los insectos. Todo va enlazado, el hombre no tejió la trama de la vida”. Su religión animista concebía el mundo físico y el espiritual enlazados. Análoga lectura hacía la cultura guanche, bereberes del norte de África, expulsados a Canarias por la expansión romana, desde el siglo VI a.C. El catolicismo debe su éxito a su gran capacidad de sincretismo, asimilando culturas.

La diosa guanche Chaxiraxi (la que carga y sostiene el universo) es la virgen de Candelaria, una virgen negra. La fiesta de la rama de Agaete, el baño de las cabras del Puerto, la peregrinación por las rutas del monte a Candelaria, son ritos animistas asimilados. El Drago de Ycod, del que hablamos en pasada semana, era un gran tótem guanche, por eso sobrevive.

La Pachamama, de las culturas americanas, es una diosa animista asimilada por el catolicismo. Es el conjunto de la naturaleza y suelo, deidad creadora y protectora, que favorece la fertilidad. En América la Pachamama está identificada con muchas vírgenes y con la de Candelaria que se celebra en febrero y agosto. Engels, en 1884, ya muerto Marx, publicó El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, basado en las investigaciones del antropólogo americano Morgan, autor de La Sociedad Antigua. Donde señala el “salvajismo y la barbarie” como estadios previos al desarrollo de las “gens griega y romana”, que inician las sociedades patriarcales occidentales. Los dos primeros estadios son animistas, con grupos sociales en línea matrilineal y politeístas.

Freud, padre del psicoanálisis, publicó en 1913 Tótem y Tabú, obra psicoantropológica donde señala la analogía entre la vida del salvaje y del neurótico. Analiza el origen común del totemismo y la exogamia y el temor supersticioso del incesto. Señala en la evolución tres cosmogonías, Animismo, Religión y Visión Científica, identificando en esta una regresión hacia el animismo.

De neoanimista y ecosocial debemos calificar la Hipótesis de Gaia (1979), de James Lovelock. Según la cual la atmósfera y la tierra son un todo, un organismo vivo y evolutivo, que autorregula sus condiciones de temperatura, composición y salinidad. Con la 2ª Ley de la Termodinámica, un sistema cerrado tiende a la máxima entropía. Nos volvemos a encontrar con la Pachamama. Este sincretismo animista impregna las nuevas sociedades occidentales de la posverdad, tanto en sus esferas individuales como sociales, confiadas a creencias más que a razones. Como diría Freud, regresiones infantiles hacia el animismo. Lo vemos en la política española y sus expresiones de clanes enfrentados. Sincretismo.

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