Otras veces, no, pero ahora estoy muy de acuerdo con Luisi Castro, alcaldesa de Güímar. No he estado de acuerdo con ella cuando pintó la raya fronteriza con Arafo, ni cuando cometió la mariconada de invitar a los de Sálvame al término, vestida de Mariquita Pérez. Pero sí ahora, cuando llama dictador a Pedro Sánchez. En cierta forma, Sánchez tiene maneras de dictador cuando gobierna lanzando decreto tras decreto, porque le tiene miedo a unas Cortes Generales que no controla. Sánchez es un sujeto al que el cargo le queda grande -yo diría que enorme- y que está convirtiendo al país en un caos. Además, en España hay libertad de expresión -pregúntenselo, si no, a los protegidos de Sánchez, a los catalanes-, así que si Luisi Castro tiene a bien llamarlo dictador, no hay quien le tosa. Para ella lo es. Para mí, en cierta forma, también. Es un fatuo y un ambicioso, sin categoría para estar donde está; un hombre que no ha sido elegido en las urnas sino puesto ahí por exterroristas, independentistas, falsos demócratas e ilusos. Casi todos, por dinero. Luego, yo su legitimidad democrática la pongo en entredicho, su capacidad para gobernar, por supuesto, y su similitud con un dictador, por las razones comentadas, también. A mí me la suda que los sociatas me pongan a parir en las redes sociales, porque tengo el culo raspado de tanto analfabeto y de tanto periodismo subvencionado por el Gobierno. Me cago en todos ellos. Pero da la casualidad de que Luisi Castro, la amiga de Sálvame, dice que ella suelta lo que piensa; y si piensa que Sánchez es un dictador, pues lo dice, y eso va a misa. Así que estoy con la alcaldesa. Incluso le haría un pregón, gratis, con el título: Pedro, el último que gobierna por decreto en Europa (tras Franco).
De acuerdo con Luisi
Otras veces, no, pero ahora estoy muy de acuerdo con Luisi Castro, alcaldesa de Güímar
